MDR_Ar_SantaFe   Abrir menuMDR_Ar_SantaFe   Cerrar menu escarapela.png Avogradini  

Confiscación de Armamento Inglés en 1807.

Después de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, Buenos Aires confiscó un gran volumen de armamento británico: fusiles, cañones de campaña, carros con balas, pólvora y cartuchos (asegurando el abastecimiento), bayonetas, espadas y sables, que fueron redistribuidos entre las milicias criollas y se convirtieron en la base material de la defensa revolucionaria de 1810.

La confiscación del armamento inglés fue más que un botín de guerra: significó una transferencia de poder militar.


1) Desglose técnico del armamento, logística y equipos confiscados en las Invasiones Inglesas.

I) Armas de Fuego de Infantería

a) Fusiles Brown Bess: Fue la captura más masiva e importante. Se confiscaron miles de estos mosquetes de chispa de calibre .75 (aproximadamente 19 mm), el arma estándar de la infantería británica. Eran piezas robustas y tecnológicamente fiables para la época (video).

Fusil de chispa modelo 1777 Brown Bess, de fabricación inglesa, calibre .75 (con su marca de certificación expedida en la Torre de Londres). Famoso por ser el más fabricado y difundido en todo el Imperio Británico.

Museo de Armas de La Nacion, vitrina donde se exhibe armamento ingles capturado en las Invasiones de 1806/07.

El Brown Bess (cuyo nombre oficial era Land Pattern Musket) es uno de los fusiles más icónicos de la historia militar. Fue el arma estándar de la infantería británica desde 1722 hasta la década de 1830.

Para los estándares del siglo XVIII y principios del XIX, el Brown Bess no destacaba por su precisión, sino por su fiabilidad extrema y su durabilidad:

* Mecanismo robusto: Su llave de chispa (pedernal) estaba muy bien diseñada y fallaba menos que la de sus competidores.

* Resistencia en campaña: Su caja de madera de nogal y sus piezas de bronce y hierro soportaban el maltrato, el barro y las peores condiciones climáticas.

* Rapidez de carga: Su diseño permitía que un soldado bien entrenado realizara entre 3 y 4 disparos por minuto, un ritmo altísimo para la época.

Se le podía poner una bayoneta de cubo (o de encastre) con una hoja de sección triangular de unos 43 cm de largo.

* Se deslizaba y encajaba alrededor de la boca del cañón gracias a un pivote.

* Gran ventaja: Al ser de cubo, permitía disparar y recargar el fusil con la bayoneta calada, transformando el arma en una pica defensiva muy eficaz contra las cargas de caballería.

Se fabricaba en masa, pero NO tenía piezas intercambiables.

* Fabricación artesanal a gran escala: Gran Bretaña producía cientos de miles de estos fusiles mediante el sistema de la Torre de Londres y armeros privados en Birmingham.

* Ajuste manual: Aunque los componentes (llave, cañón, culata) seguían un patrón estándar estricto (Pattern), el ensamblaje final y los ajustes mecánicos se hacían a mano.

* Consecuencia: Si se rompía el gatillo o la llave de un Brown Bess en el campo de batalla, no podías simplemente tomar la pieza de otro Brown Bess y colocarla directamente; requería el trabajo de un armero con limas para ajustar la pieza exacta. La verdadera intercambiabilidad de piezas llegó años más tarde con el sistema industrial estadounidense.

La distancia efectiva era entre 50 y 100 metros. A esa distancia, un bloque de soldados disparando juntos causaba estragos en las filas enemigas. A más de 100 metros, era casi imposible acertarle a un hombre individual debido a que el cañón era de ánima lisa (sin estrías que hicieran girar la bala).

La munición era enorme, calibre .75 (el cañón del fusil medía 19 mm de diámetro). Era una bola de plomo macizo muy pesada, que al impactar contra el cuerpo humano, se deformaba, destrozando huesos y causando heridas masivas que casi siempre terminaban en amputación o infección letal.

La bala de plomo era intencionalmente un poco más chica que el cañón (suele ser de calibre .69 a .71). Esa diferencia de tamaño dejaba una holgura (llamada viento), que servía para que, a medida que el cañón se ensuciaba con el hollín de la pólvora negra tras muchos disparos, el soldado pudiera seguir metiendo la bala fácilmente sin que se trabara al recargar. El costo de esto era la precisión del disparo.

a.1) Las cartucheras británicas eran un elemento técnico tan importante como los mismos fusiles. En la guerra del siglo XVIII y principios del XIX, la velocidad de disparo dependía directamente de este accesorio.

* No eran simples bolsas de cuero; eran piezas de equipo militar muy estructuradas:

* Por dentro, la cartuchera tenía un bloque de madera maciza perforado con agujeros cilíndricos individuales (generalmente entre 29 y 36 orificios). Cada orificio alojaba un cartucho de papel de manera vertical para que no se aplastaran ni se desarmaran con el movimiento del soldado.

* El bloque de madera estaba recubierto por un cuero grueso impermeable y pesado, teñido de negro. Y debajo de la solapa principal solía haber otra solapa interna de cuero más blando. Esto era crucial para proteger los cartuchos de la lluvia, la humedad y las chispas, ya que si la pólvora negra se humedecía, el fusil no disparaba.

* Se llevaba colgada del hombro izquierdo cruzando el pecho, de modo que la cartuchera descansaba sobre la cadera derecha del soldado, permitiéndole sacar los cartuchos rápidamente con su mano hábil.

a.2) El "Cartucho de Papel": La clave de la rapidez: Dentro de estas cartucheras no había balas sueltas. El Brown Bess se alimentaba con el cartucho de papel, que fue el gran invento de la época para disparar rápido:

* Era un cilindro de papel fuerte que contenía la dosis exacta de pólvora negra en el fondo y la pesada bala de plomo calibre .75 en la punta, todo atado con un hilo.

* El soldado abría la cartuchera, sacaba un cartucho, mordía la punta de papel para abrirlo, echaba una pizca de pólvora en la cazoleta del fusil (para la chispa) y el resto de la pólvora junto con la bala y el papel (que servía de taco) los empujaba por el cañón con la baqueta.

b) Tercerolas y carabinas de Dragones: Estas armas más cortas estaban diseñadas específicamente para la caballería y las tropas de asalto rápido, como el célebre Regimiento 20 de Dragones Ligeros (20th Light Dragoons) que combatió en el Río de la Plata.

- se destacaban por su maniobrabilidad extrema, de longitud reducida: la carabina de Dragones medía poco más de un metro, y las tercerolas eran aún más cortas

- En el lateral izquierdo del arma tenían una barra metálica con una argolla de hierro, que el jinete pasaba por allí una correa que cruzaba su pecho. Si el caballo se encabritaba o el soldado debía desenfundar su sable, podía soltar el arma por completo sin perderla, ya que esta quedaba colgando de forma segura a su costado.

- Eran livianas, lo que permitía apuntar rápido con una sola mano si era necesario.

- Al igual que el fusil Brown Bess, seguían el mismo sistema de producción en serie de la corona británica.

- El ensamblaje final seguía siendo artesanal. Las piezas de una carabina no encajaban perfectamente en otra carabina sin que un armero la limara y ajustara pacientemente a mano.

- Al tener un cañón tan corto y de ánima lisa, la distancia efectiva real era entre 30 y 60 metros.

- Al quemar la pólvora en un cañón corto, parte de la pólvora negra salía propulsada sin quemarse del todo por la boca del arma, lo que provocaba un enorme fogonazo hacia adelante, un ruido ensordecedor y un retroceso (patada) muy brusco para el tamaño del arma.

- La munición tenía un Calibre menor al del fusil Brown Bess (.65 o .67), la bala de plomo era más pequeña (aprox. 16.5 mm), lo que obligaba a llevar dos tipos de cartuchos de papel diferentes en sus campañas: uno pesado para la infantería y uno más liviano para la caballería. Si se intentaba meter por error un cartucho de infantería calibre .75 en una carabina, la bala simplemente se trababa en la boca del cañón, inutilizando el arma.

II) Armas Blancas

a) Bayonetas de cubo: Elementos indispensables acoplados a los fusiles Brown Bess. Se confiscaron por millares. Muchas de ellas llevaban marcas de fabricantes como S. Hill y el cuño oficial de la corona británica (Broad Arrow).

b) El sable de caballería británico Modelo 1796 (1796 Pattern) es considerado una de las armas blancas más letales y exitosas jamás diseñadas. Este revolucionó el combate a caballo en el Río de la Plata. Este sable rompió con la tradición europea de usar espadas rectas y pesadas.

- Su hoja tenía una curva pronunciada hacia atrás, diseñada específicamente para el ataque de tajo o corte, no para estocar. Al golpear desde el caballo en movimiento, la hoja "rebanaba" la carne y los músculos con un esfuerzo mínimo del jinete.

- Cerca de la punta, la hoja se ensanchaba ligeramente (tipo hacha). Esto desplazaba el centro de gravedad hacia la punta de la espada, multiplicando la fuerza del impacto del golpe.

- Tenía un mango de madera cubierto de cuero con ranuras para los dedos y una guarda de hierro simple en forma de estribo. Era liviano, equilibrado y permitía mover la muñeca con una velocidad asombrosa.

- Al igual que las armas de fuego de la época, este sable se fabricaba en masa. Las hojas de acero se forjaban siguiendo plantillas muy estrictas, por lo que las dimensiones generales eran casi idénticas. Sin embargo, el encastrado de la hoja dentro de la empuñadura de madera y el remache del pomo final se hacían a mano. Cambiar una hoja rota a otra empuñadura en el campo de batalla requería el trabajo de un herrero o armero militar.

- La hoja medía unos 83 centímetros de largo. Sumado al brazo del jinete y la altura del caballo, permitía alcanzar a infantes a pie o a otros jinetes a una distancia de casi 2 metros desde el eje del caballo.

- El diseño era tan eficiente cortando que causaba heridas espantosas. En Europa, los oficiales franceses solían quejarse formalmente de que el sable británico de 1796 no era un arma "caballeresca", ya que una sola pasada textualmente amputaba brazos, manos y causaba heridas de tajo que los médicos de la época no podían salvar.

- El acero británico de Birmingham estaba templado de una forma que combinaba dureza (para no perder el filo al chocar con huesos o botones de metal) con flexibilidad. La hoja podía doblarse notablemente bajo presión sin quebrarse ni quedar torcida.

- A diferencia de las vainas de cuero de la época, estos sables venían con una vaina de hierro pesado con dos argollas para colgar del cinturón. Al galopar, la hoja de acero golpeaba constantemente contra las paredes internas de la vaina de hierro, generando un tintineo metálico constante y ruidoso. Esto hacía imposible que la caballería británica realizara ataques sorpresa o aproximaciones sigilosas en la oscuridad.

b.1) La esgrima de caballería británica de la época de las Invasiones Inglesas estaba totalmente regulada por un manual revolucionario publicado en 1796 por el creador del sable, el mayor general John Gaspard Le Marchant: el "Rules and Regulations for the Sword Exercise of the Cavalry" (Reglas y Regulaciones para el Ejercicio de la Espada de la Caballería).

Este manual transformó el combate a caballo, dejando de lado los floreos aristocráticos europeos para implementar un sistema científico, letal y de ejecución rapidísima.

Las técnicas principales que dictaba este manual y que aplicaban los dragones ingleses (y que luego adoptaron los criollos) se estructuraban bajo los siguientes principios:

- 1. Las Seis Posiciones de Ataque (The Six Cuts): El manual simplificó todo el combate en seis golpes básicos de tajo, numerados del 1 al 6. El jinete debía memorizar los ángulos basándose en una figura geométrica (una cruz con líneas diagonales inscrita en un círculo):

* Cuts 1 y 2: Cortes diagonales descendentes (hacia la izquierda y derecha). Apuntaban directo al cuello, la cara o los hombros del enemigo.
* Cuts 3 y 4: Cortes diagonales ascendentes. Se usaban menos, principalmente para cortar las riendas del caballo enemigo o atacar los brazos levantados.
* Cuts 5 y 6: Cortes horizontales puros (de izquierda a derecha y viceversa). Apuntaban al vientre del enemigo a pie o a los flancos de otro jinete.

- 2. El movimiento desde la muñeca (No con el brazo): Antes de este manual, los jinetes tiraban tajos moviendo todo el brazo desde el hombro. Le Marchant demostró que esto era lento y dejaba el cuerpo expuesto.

* La técnica británica exigía que el brazo permaneciera semifijo y que el impulso del sable se generara exclusivamente mediante un golpe de muñeca.
* Esto permitía al dragón trazar círculos continuos con el sable (llamados molinetes), manteniendo una velocidad de ataque brutal y permitiendo cambiar de un tajo a una defensa en fracciones de segundo.

- 3. Cero Estocadas (Prohibido pinchar): Una de las mayores particularidades del manual de 1796 para la caballería ligera es que eliminó casi por completo el uso de la punta del sable.

* Dar una estocada (pinchar) en velocidad era extremadamente peligroso para el propio jinete: si la espada se clavaba firmemente en el hueso de un enemigo, la inercia del caballo en movimiento le fracturaba la muñeca al soldado o lo arrancaba de la montura, perdiendo su arma. El manual obligaba a usar solo el filo.

- 4. Las Guardias y Paradas (Defensa Activa): El manual enseñaba defensas específicas para proteger tanto al jinete como a su caballo, dividiendo el espacio en zonas:

* Guardia de San Jorge (St. George's Guard): El sable se colocaba horizontalmente sobre la cabeza del jinete para bloquear cortes descendentes que buscaran partirle el cráneo.
* Protección del caballo: Había movimientos específicos hacia abajo para desviar los golpes que los infantes enemigos intentaban dar a las patas, los ojos o el cuello del caballo, ya que un jinete desmontado era un jinete muerto.

- 5. La técnica contra la infantería a pie: Cuando el dragón cargaba contra soldados de infantería (como los Patricios o Arribeños en Buenos Aires), el manual ordenaba "limpiar" los flancos. El jinete debía inclinarse notablemente sobre el costado del caballo, usando los Cuts 5 y 6 (horizontales) a la altura del pecho o la cabeza de los hombres a pie, aprovechando la velocidad del galope para que el filo cortara por el propio peso del impacto.

III) Artillería y Municiones.

Reconstrucción artistica que muestra a las tropas británicas de 1807, a la izquierda, disparando un Cañon (con el fogonazo y la nube de humo saliendo del ánima), al medio, cargado un Cañon (los artilleros introduciendo el saquete y el ramrod), y a la derecha, maniobrando cañones de campaña de 3 y 6 libras por las calles coloniales de Buenos Aires.

El Museo Histórico Nacional posee un imponente Patio de Cañones que alberga más de 40 piezas históricas

a) Cañones de campaña: Se capturaron cañones de bronce y de hierro junto con sus cureñas, carros de transporte y proyectiles.

El control de estas piezas definía quién dominaba las calles y los accesos clave de Buenos Aires.

Los británicos desembarcaron una artillería de campaña moderna, ligera y estandarizada bajo el mando de la Royal Artillery, que seguía el sistema diseñado por el general Thomas Blomefield, que destacaba por su capacidad de despliegue rápido:

* Los cañones británicos de la época (especialmente los de bronce) estaban diseñados con un grosor de metal optimizado. Eran más fuertes pero significativamente más livianos que los cañones españoles antiguos, lo que reducía el riesgo de que el tubo estallara por fatiga del metal.

* Las estructuras de madera y hierro sobre las que montaban los cañones (cureñas) eran modulares y muy resistentes (Cureñas "Congreve"). Utilizaban un sistema de eje único que facilitaba el giro rápido en calles estrechas y permitía acoplarlas a un carro delantero (limber) tirado por caballos o por los propios soldados.

El botín incluyó una variedad de piezas medidas por el peso de la bala maciza que disparaban:

* Cañones de campaña de 3 y 6 libras: Eran las piezas más dinámicas. Los de 6 libras (calibre aproximado de 92 mm) eran el núcleo de la artillería volante británica. Podían avanzar al ritmo de la infantería y redesplegarse en pocos minutos.

* Obuses (Howitzers) de 5,5 pulgadas: Estas piezas eran piezas cortas diseñadas para el tiro parabólico (curvo). Eran devastadoras en combate urbano porque permitían disparar proyectiles por encima de los techos y barricadas para golpear los patios internos o las posiciones atrincheradas de las milicias criollas.

* Cañones navales ligeros: Piezas de hierro desembarcadas directamente de la flota británica para apoyar el asalto terrestre.

El proceso de fabricación combinaba fundición industrial y acabado manual:

* Los tubos de bronce se fundían en la Real Fundición de Woolwich en Inglaterra siguiendo planos matemáticos exactos. Las dimensiones exteriores y el ánima (interior del tubo) eran notablemente uniformes.

* Aunque las ruedas y los componentes de las cureñas seguían dimensiones estándar, el ensamblaje de la carpintería y las partes de hierro forjado requería ajustes manuales en los talleres mecánicos del ejército. Si una rueda de una cureña de 6 libras se destruía, se intentaba reemplazar por otra del mismo calibre, pero a veces se necesitaban cuñas de madera y ajustes de herrería para que encajara a la perfección.

El alcance dependía del tipo de proyectil y de la elevación del cañón:

* Con bala rasa (maciza), un cañón de 6 libras era altamente efectivo entre los 500 y 800 metros. A esa distancia, una bala maciza podía atravesar paredes de adobe y destrozar formaciones enteras.

* Dentro de Buenos Aires, el alcance efectivo se redujo a la longitud de las cuadras (unos 100 a 130 metros). A esa distancia tan corta, el impacto de la artillería era demoledor, capaz de barrer barricadas enteras de un solo disparo.

La artillería británica operaba con tres tipos de proyectiles, que luego fueron copiados por los criollos:

* Bala Rasa (Roundshot): Esferas de hierro macizo. En las calles, una bala de estas rebotaba contra el empedrado y las paredes, actuando como una bola de boliche gigante que destrozaba todo a su paso.

* Metralla (Case shot / Canister): Botes de hojalata llenos de decenas de balas de plomo o hierro más chicas, compactadas con aserrín. Al dispararse, el bote se rompía en la boca del cañón, transformándolo en una escopeta gigante. Era el proyectil defensivo por excelencia para limpiar calles y pasillos llenos de milicianos.

* Granadas explosivas: Exclusivas de los obuses. Eran esferas huecas llenas de pólvora con una mecha de tiempo de madera. Explotaban en el aire o al caer, esparciendo esquirlas mortales.

b) Pólvora y piedras de pedernal: El aprovisionamiento de pólvora de alta calidad y de piedras de sílex británicas (reconocibles por su característico color negro extraído de yacimientos ingleses) reabasteció por completo los depósitos de Buenos Aires.

Fue el botín logístico más crítico, ya que sin estos dos insumos, los fusiles Brown Bess y las carabinas capturadas eran simples pedazos de madera y hierro inútiles. Su captura de los depósitos ingleses salvó el desabastecimiento de las milicias criollas y elevó drásticamente su capacidad de fuego.

A diferencia de los insumos locales, los suministros británicos eran considerados de calidad premium a nivel mundial por razones de desarrollo industrial:

* La pólvora que traían los británicos provenía principalmente de las fábricas reales de Waltham Abbey (Inglaterra). Se caracterizaba por un proceso de "granulado" mecánicamente perfecto. Los granos eran uniformes y estaban recubiertos con una fina capa de grafito. Esto evitaba que la pólvora se apelmazara con la humedad del Río de la Plata y garantizaba una combustión completa, generando mucha más potencia y mucho menos residuo (hollín) dentro del cañón que la pólvora de fabricación hispano-criolla.

* Las piedras de pedernal británicas se extraían de los famosos yacimientos de Brandon (Suffolk). Este sílex negro era el mejor del mundo. Mientras que las piedras locales o españolas se desgastaban o partían a los 10 o 15 disparos, un pedernal inglés de Brandon podía golpear el rastrillo y generar chispas calientes de manera constante durante más de 30 o 40 disparos antes de requerir un cambio o reafilado.

* Las piedras de pedernal se fabricaban en serie mediante un gremio de artesanos llamados flintknappers (talladores de sílex). Aunque se tallaban a mano con martillos especiales, se clasificaban estrictamente por tamaños según el tipo de arma: tamaño para fusil (musket), para carabina (carbine) o para pistola (pistol).

* La pólvora se transportaba en barriles de madera estandarizados, sellados con aros de cobre (para evitar chispas accidentales por fricción). Cada lote inglés respetaba estrictamente la proporción química de 75% de salitre, 15% de carbón vegetal y 10% de azufre, lo que permitía a los oficiales calcular con precisión matemática el alcance de los cañones y fusiles, algo imposible con la inestable pólvora local.

* Al apretar el gatillo, el martillo con la piedra de pedernal caía, golpeaba el rastrillo de hierro y generaba una lluvia de chispas que encendía la pólvora de la cazoleta. El pedernal inglés aseguraba un encendido instantáneo en un 85-90% de los intentos, reduciendo el temido "fogonazo en la cazoleta" (cuando la pólvora de afuera se enciende pero no pasa el fuego al interior del cañón).

b.1) La forma en que los británicos protegían estos insumos determinó su supervivencia en campaña:

* La pólvora no venía suelta para la infantería; venía pre-dosificada dentro de los cartuchos de papel. El papel utilizado por los británicos estaba ligeramente aceitado o encerado en el exterior. Esto creaba una barrera contra la intensa humedad de Buenos Aires y las persistentes lloviznas de julio de 1807.

* Para fijar la piedra de pedernal al martillo del fusil, los británicos no usaban metal directo, sino que envolvían la base de la piedra en un pequeño trozo de cuero o plomo. Esto absorbía el impacto del golpe contra el rastrillo, evitando que la piedra se rompiera prematuramente por la vibración.

IV) Uniformes de paño y equipos de campaña.

En una época donde la producción industrial textil local era inexistente, vestir adecuadamente a las tropas marcaba la diferencia entre la operatividad y la deserción por enfermedad.

Los británicos desembarcaron con uniformes y equipos confeccionados bajo los estándares de la Revolución Industrial, lo que significaba una estandarización textil nunca antes vista en Buenos Aires.

Los "casacas rojas" vestían prendas de alta ingeniería textil para la época, que al igual que el armamento, formaban parte de un sistema de produccion masiva:

* Las casacas británicas estaban confeccionadas con un paño de lana denso, pesado y sometido a un proceso de abatanado (compactación industrial). Este tejido de lana no solo aislaba del frío del invierno porteño, sino que además era altamente repelente al agua y retardante al fuego (crucial para evitar quemaduras por chispas de pólvora).

* Las mochilas y las correas cruzadas de los correajes (crossbelts) estaban hechas de cuero curtido industrialmente y blanqueado con pasta. Eran impermeables y soportaban el peso de las bayonetas y cartucheras sin estirarse ni rajarse.

* Tenian talles estandarizados, y solían dejarse abiertos los puños y espaldas para que los sastres de cada regimiento hicieran el ajuste final a mano sobre el cuerpo de cada soldado.

* Los botones de bronce (que llevaban grabado el número del regimiento), las hebillas y los ganchos de las mochilas eran completamente estándar. Si un miliciano criollo capturaba una mochila británica, las correas y enganches mecánicos calzaban perfectamente con los componentes de otra mochila o cartuchera del mismo parque.

* Las casacas tenían cuellos altos y rígidos reforzados internamente, que ofrecía una protección contra cortes superficiales de armas blancas.

* Las casacas de paño y los capotes británicos confiscados impidieron que cientos de milicianos criollos cayeran enfermos por hipotermia o neumonía en las guardias nocturnas.

El equipamiento individual británico (conocido como kit de campaña) incluía accesorios que maravillaron a las autoridades coloniales por su sentido práctico:

* La Cantimplora de Madera: A diferencia de los chifles de cuerno locales, los británicos usaban cantimploras cilíndricas de madera (similares a pequeños barriles) unidas con aros de hierro y pintadas de azul. Mantenían el agua fresca, no alteraban el sabor y eran extremadamente resistentes a los golpes urbanos.

* El "Mochilón" de Lona Alquitranada: Las mochilas modelo Trotter estaban impermeabilizadas con una capa de alquitrán o pintura negra. Esto garantizaba que las mudas de ropa interior, las raciones de galleta se mantuvieran completamente secos, incluso si el soldado debía vadear un arroyo.

V) El calzado británico (conocido como ammunition shoes o botas de dotación).

Fue uno de los recursos más valiosos del botín, ya que en el Río de la Plata la mayoría de los milicianos combatía de alpargatas, descalzos o con botas de potro (que dejaban los dedos al aire).

El calzado provisto por la Junta de Ordenanza británica estaba muy adelantado a la producción artesanal del Río de la Plata:

* Se confeccionaban con un cuero vacuno muy grueso y rígido, curtido industrialmente en Gran Bretaña con corteza de roble. Esto los hacía extremadamente resistentes al desgaste y moderadamente impermeables frente al barro de las calles porteñas.

* Una de las mayores particularidades de la época es que los zapatos no tenían lado izquierdo ni derecho. Eran completamente simétricos y rectos. El soldado debía ablandarlos con el uso diario hasta que el cuero se amoldara a la forma de su pie específico.

* Las suelas de cuero grueso estaban reforzadas con decenas de clavos de hierro de cabeza gruesa (hobnails). Esto multiplicaba la durabilidad de la suela y proporcionaba un excelente agarre en terrenos blandos, pasto o caminos de tierra.

Pero, se volvieron una trampa mortal sobre el incipiente empedrado de granito de las calles céntricas de Buenos Aires, pues los clavos de hierro patinaban contra las piedras lisas y húmedas por la llovizna, haciendo que los soldados británicos se cayeran al correr.

* Producción en masa, ciudades inglesas como Northampton ya concentraban talleres que fabricaban miles de pares al mes bajo contratos militares.

* Al no tener pie izquierdo ni derecho, la logística en campaña era facilísima. Si un soldado perdía o rompía un zapato, cualquier par extra que hubiera en un carro de suministros le calzaba en cualquiera de los dos pies. Los cordones eran de cuero y los ojales estaban reforzados a mano.

* Los oficiales y fuerzas montadas no usaban el zapato recto de la infantería. Utilizaban botas altas de cuero negro rígido (tipo Hessian o botas de montar estándar), que estaban reforzadas en la zona de la pantorrilla para proteger la pierna del jinete contra el roce del caballo y los golpes de sables enemigos.

Estas botas incorporaban espuelas de hierro fijadas con correas de cuero ajustables que también formaron parte del botín para equipar a las nacientes unidades de caballería patriota.


2) Que determinó el fracaso de la segunda invasión británica.

El plan del general británico John Whitelocke era avanzar en columnas rápidas por las calles con las bayonetas caladas y los fusiles descargados para no perder tiempo disparando. Confiaban en la letalidad de la bayoneta de cubo del Brown Bess en el cuerpo a cuerpo.

Pero los vecinos, milicianos y el regimiento de Patricios no salieron a pelear a la calle en campo abierto. Se atrincheraron en los techos (azoteas), ventanas y barricadas; y desde las alturas, los criollos les arrojaban piedras, granadas caseras y agua hirviendo. Y tambien les disparaban con sus propios fusiles, cuando se los iban capturando. Los británicos quedaron atrapados en un fuego cruzado sin poder usar sus bayonetas.

En las estrechas calles de Buenos Aires, los combates se dieron a quemaropa (a menos de 15 o 20 metros), haciendo que cada descarga del fusil Brown Bess fuera devastadora, pero el humo de la pólvora negra al ritmo de 3 a 4 disparos por minuto generó un caos sensorial absoluto en la ciudad. Cada detonación liberaba una densa nube de humo blanco, y en pocos minutos, las calles quedaron cubiertas por una niebla artificial espesísima que impedía ver a más de unos metros. La ciudad se convirtió en una boca de lobo en pleno día y facilitó las emboscadas criollas.

Los soldados no veían a quién le disparaban; solo apuntaban hacia los fogonazos que parpadeaban entre la niebla blanca. Esto explica por qué tantas columnas británicas se desorientaron por completo y terminaron rindiéndose al no poder descifrar dónde estaban paradas.

A medida que las columnas británicas eran diezmadas o se rendían bloqueadas en iglesias y conventos (como el de Santo Domingo), las milicias criollas les quitaban los fusiles Brown Bess y sus cartucheras.

<<-- Ver este fusil en acción permite comprender el caos visual de los combates. La pólvora negra genera una densa nube de humo que, tras el disparo, oculta por completo el objetivo.

El video muestra exactamente lo que veía el tirador al apuntar.

La pólvora negra produce un humo blanco extremadamente espeso porque casi el 60% de su composición no se quema en forma de gas, sino que se transforma en partículas sólidas en suspensión (hollín y sales).

Por otro lado, los dragones del Regimiento 20 cargaron con sus esplendidos sables corvos en zonas como los corrales de Miserere (actual Plaza Once) y Retiro. Sin embargo, sufrieron el mismo problema que la infantería: los sables no alcanzaban a los criollos atrincherados en los techos.

Durante el ataque, la artillería jugó un rol crítico. El plan británico se vio frustrado porque muchas de sus columnas avanzaron por las calles sin el apoyo de sus cañones, los cuales se quedaron atascados en el barro de los accesos. Los criollos, al notar esto, montaron defensas con cañones fijos en las esquinas estratégicas y la Plaza Mayor.

Los británicos tenían ventajas reales. En 1807, el ejército de John Whitelocke contaba con alrededor de 11.000 a 12.000 soldados profesionales, probablemente la mejor infantería del mundo en ese momento. Venían de conquistar Montevideo y poseían excelente disciplina, armamento moderno y experiencia de combate.

El error principal fue luchar como en campo abierto dentro de una ciudad. Las tácticas británicas estaban pensadas para líneas de infantería desplegadas con apoyo de artillería en espacios abiertos.

Pero en Buenos Aires tuvieron que avanzar por calles estrechas y rectas, donde los defensores dirigidos por Santiago de Liniers, Martín de Álzaga y los cuerpos de milicias locales dividieron la ciudad en sectores fortificados, y desde las azoteas y ventanas se disparaba sobre las columnas inglesas que avanzaban por las calles.

Las tropas británicas quedaron fragmentadas en pequeños grupos incapaces de apoyarse mutuamente. En una batalla convencional esas tropas eran temibles, pero en una lucha casa por casa, la superioridad técnica valía mucho menos.

Otra clave, fue que en la primera invasión (1806), Buenos Aires fue tomada relativamente rápido, pero tras la reconquista, la ciudad pasó casi un año preparándose: Se organizaron los Patricios, Arribeños, Húsares y otros cuerpos; se fabricó armamento; se planificó la defensa urbana; y se movilizó gran parte de la población.

Cuando llegaron los ingleses en 1807 ya no enfrentaban una ciudad desprevenida sino una auténtica ciudad en armas.

Aunque existían grupos favorables al libre comercio con Inglaterra, la mayoría de la población no se sumó a los invasores. En consecuencia, estaban prácticamente solos.

Puede decirse que la segunda invasión inglesa no fue derrotada porque los británicos fueran militarmente inferiores, sino porque un ejército excelente para la guerra convencional fue obligado a combatir en una gran batalla urbana contra una población movilizada y unos jefes que supieron explotar ese terreno mejor que ellos.


3.a) Cuando las milicias criollas confiscaron miles de fusiles Brown Bess con sus cartucheras, ganaron una ventaja logística enorme:

Antes de las invasiones, muchos milicianos criollos llevaban la pólvora en "chifles" (cuernos de vaca) y las balas sueltas en los bolsillos, lo que hacía que recargar fuera lentísimo y peligroso. Al adoptar la cartuchera británica, aprendieron el sistema de cartucho de papel, multiplicando su velocidad de fuego.

Para rellenar las miles de cartucheras británicas confiscadas y mantener operativos los fusiles Brown Bess, el Cabildo de Buenos Aires y los líderes criollos tuvieron que improvisar una verdadera industria de guerra a contrarreloj. Como el calibre .75 era gigantesco y consumía mucha pólvora, la producción artesanal se militarizó de la siguiente manera:

Para fabricar las pesadas bolas de plomo, se estableció un centro de fundición en el Parque de Artillería (donde hoy se encuentra el Palacio de Justicia en la Plaza Lavalle). Y como el plomo escaseaba, se desmantelaron cañerías viejas, pesas de balanzas comerciales y planchas de techos.

El metal se derretía en grandes ollas de hierro. Luego, mediante turquesas (pinzas moldes que tenían la forma de la esfera del calibre .75), los artesanos vertían el plomo líquido, esperaban que se enfriara, cortaban el excedente y pulían las balas a mano.

La pólvora española o local era de menor calidad que la británica (dejaba más residuos y se humedecía rápido). Se reactivó e intensificó el trabajo en la Fábrica de Pólvora de Córdoba y en pequeños laboratorios en Buenos Aires, mezclando el salitre, el azufre y el carbón, ahora, en proporciones estrictas para lograr una explosión lo suficientemente fuerte como para impulsar la pesada bala del Brown Bess sin hacer reventar los cañones.

La confección del cartucho de papel requería muchísima mano de obra y precisión manual. De molde usaban un palito de madera del diámetro de la bala. Envolvían el papel alrededor del palito para formar un tubo, al que amarraban un extremo con un hilo fuerte, metían la bala de plomo al fondo y volvían a atar por encima de la bala para fijarla. Luego retiraban el palito, daban vuelta el cartucho y vertían una medida exacta de pólvora negra, para finalizar doblaban la solapa superior del papel hacia adentro para sellar la pólvora.

Y, Buenos Aires logró mantener un suministro constante de munición.


3.b) El impacto inesperado de las carabinas y tercerolas en la Defensa de Buenos Aires.

Fue el botín más codiciado por los criollos tras la rendición inglesa. Los criollos no tenían una caballería regular pesada, sino milicias de jinetes nativos (los futuros gauchos y blandengues). Para un jinete del Río de la Plata, el Brown Bess era un estorbo a caballo; en cambio, la tercerola británica con su argolla de transporte era el arma perfecta.

Años más tarde, estas carabinas inglesas confiscadas cruzaron los Andes con el general San Martín y equiparon a los escuadrones de Granaderos a Caballo, demostrando una durabilidad excepcional en las guerras de la Independencia.


3.c) Cual fue el impacto de los sables en las Invasiones Inglesas en la historia argentina.

Tras la rendición de Whitelocke, el Cabildo confiscó cientos de estos sables. Su impacto posterior en la historia argentina fue brutal.

Cuando José de San Martín regresó de Europa en 1812 para fundar el Regimiento de Granaderos a Caballo, conocía perfectamente la letalidad de este diseño británico (ya que lo había visto en acción en España), y mandó a recolectar todos los sables Modelo 1796 capturados a los ingleses que estaban en los depósitos de Buenos Aires, ademas ordenó fabricar copias locales idénticas en las herrerías porteñas.

Los famosos sables corvos que usaron los Granaderos en San Lorenzo, Chacabuco y Maipú para emancipar el continente adoptaron directamente la doctrina de corte y la letalidad geométrica que los ingleses trajeron originalmente para invadirnos.

Cuando José de San Martín organizó los Granaderos a Caballo, tradujo y adaptó estas mismas técnicas de la escuela británica. San Martín instaló un "picadero" (pista de entrenamiento) en el Cuartel de Retiro y obligó a los jóvenes oficiales criollos a practicar estos seis cortes miles de veces contra muñecos de paja y postes de madera.

La combinación del sable británico Modelo 1796 confiscado y la estricta técnica de Le Marchant basada en la velocidad de la muñeca convirtieron a la caballería patriota en una fuerza invencible en las batallas americanas de la Independencia.


3.d) Las pistolas de chispa que portaban los oficiales británicos durante las Invasiones Inglesas representaban el estatus, el rango y la última línea de defensa en el combate cuerpo a cuerpo.

Mientras que la tropa llevaba armas estandarizadas por la Junta de Ordenanza (Board of Ordnance), los oficiales británicos debían comprar su propio armamento y uniforme.

A diferencia de los rústicos fusiles de la tropa, las pistolas de los oficiales eran fabricadas por encargo de manera completamente artesanal. Cada tornillo, muelle, cañón y gatillo era único y ajustado exclusivamente para esa pieza específica. Eran obras de arte de la ingeniería de precisión de la época:

* Calidad de los componentes: Se fabricaban con platinas de acero templado al carbono de altísima calidad y cajas de madera de nogal seleccionada, muchas veces con incrustaciones de plata o bronce.

* El mecanismo de "Llave de Chispa" refinado: Las pistolas de oficial (especialmente las de armeros famosos como Egg, Manton o Wogdon) incorporaban mejoras técnicas como cazoletas impermeables al agua y resortes internos perfectamente pulidos. Esto reducía drásticamente el porcentaje de fallas por ignición en comparación con las armas de la tropa.

Los oficiales de menor rango de los Dragones a veces usaban las pistolas reglamentarias (como el modelo Light Dragoon Pattern).Estas seguían un patrón oficial del ejército, en los talleres de Birmingham.

Eran puramente defensivas, más allá de los 15 metros, acertarle a un enemigo en movimiento era una cuestión de pura suerte. Estaban diseñadas para el combate dentro de habitaciones, pasillos o cuando el oficial era desmontado de su caballo.

* A corta distancia, su letalidad era tremenda. Al igual que el Brown Bess, disparaban una esfera de plomo macizo a velocidades subsónicas. El impacto fracturaba huesos y el plomo blando se aplastaba dentro del cuerpo, provocando hemorragias masivas inmediatas.

* La munición de las pistolas de oficial presentaba un desafío logístico para el portador, porque los calibres no estaban estandarizados. Un oficial podía tener una pistola calibre .56, otro una calibre .65 (similar a la carabina de dragones), lo que obligaba a cada oficial (o a su asistente) llevara en su equipaje sus propias turquesas (moldes) para fundir las balas exactas de sus pistolas, ya que no podían usar los cartuchos estándar de la infantería o de la caballería ligera que transportaba el ejército.

Durante la Defensa de Buenos Aires en 1807, las pistolas de chispa jugaron un rol desesperado. Cuando las columnas británicas quedaron rodeadas y atrapadas bajo el fuego de las azoteas, muchos oficiales superiores se abrieron paso dentro de las casas coloniales usando sus pistolas para forzar puertas o defender pasillos estrechos en combates habitación por habitación.

Tras la capitulación, estas pistolas se convirtieron en las piezas más codiciadas del botín de guerra, no por las tropas, sino por la élite política y militar criolla:

* Portar una pistola británica capturada en la cintura pasó a ser un símbolo de máximo prestigio entre los oficiales de los regimientos de Patricios u Húsares de Pueyrredón.

* En mayo de 1810, muchos de los miembros de la Primera Junta y los jefes militares que asumieron el control del antiguo virreinato portaban en sus cinturones estas refinadas pistolas confiscadas a los oficiales de Su Majestad.


3.e) Cuando las columnas británicas se rindieron (como las apostadas en la Iglesia de Santo Domingo o la Plaza de Toros), el botín de artillería fue colosal:

Buenos Aires pasó de tener una artillería vieja y pesada a poseer un parque de campaña de primer nivel mundial.

En mayo de 1810, cuando la Primera Junta organizó las expediciones militares auxiliadoras, estos cañones británicos Blomefield de 6 y 3 libras formaron el núcleo de la artillería patriota. Cruzaron el territorio y combatieron en el Alto Perú y el Paraguay, siendo fundamentales para sostener los primeros años de la guerra revolucionaria.

3.f) Las fábricas de pólvora locales de Buenos Aires y Córdoba no daban abasto y era de inferior calidad local: obligaba a los soldados a limpiar los fusiles cada 5 o 6 tiros porque el hollín tapaba el ánima.

Al concretarse la rendición británica, el Cabildo de Buenos Aires tomó el control de los depósitos de municiones ingleses. El impacto logístico fue inmediato:

1. Las milicias criollas confiscaron cientos de barriles de pólvora real británica y decenas de miles de piedras de Brandon. Esto les permitió descartar los pedernales defectuosos y contar con un propulsor de primer nivel.

2. Este enorme stock de pólvora y piedras de chispa inglesas de alta calidad fue guardado celosamente en el Parque de Artillería. Tres años después, en mayo de 1810, la Primera Junta la utilizó para armar las expediciones de la Independencia hacia el Interior. Los primeros éxitos revolucionarios en batallas como Suipacha se lograron disparando balas impulsadas por la excelente pólvora capturada a los ingleses.

3.g) Durante las capitulaciones de 1806 y 1807, se confiscaron miles de casacas, pantalones, capotes, botas y mochilas de los almacenes británicos capturados en Retiro y la Plaza de Toros. El uso de este botín textil generó situaciones insólitas y un fuerte impacto político:

1. Como los criollos carecían de uniformes para todos los nuevos milicianos, el Cabildo ordenó distribuir las prendas británicas capturadas. Los milicianos criollos les daban vuelta el forro (usándolas al revés) o les teñían el paño de apuro con tinturas oscuras. En otros casos, recortaban los cuellos y puños con los colores distintivos de los cuerpos locales (como el azul y blanco de los Patricios).

2. Equipamiento para las Campañas de la Independencia: Cuando los ejércitos patrios debieron marchar hacia el Paraguay en 1810 o al Alto Perú, los depósitos de Buenos Aires estaban vacíos de textiles nuevos. Por eso, gran parte de los soldados de la Revolución marcharon calzando las botas coloniales recuperadas, llevando las cantimploras de madera inglesas a la cintura y cargando sus pertenencias en las mochilas impermeables inglesas.

3.h) Cuando los ingleses capitularon, el Cabildo se encontró con miles de pares de zapatos almacenados en Retiro y los quitados a los prisioneros.

Para las milicias criollas, este botín fue una bendición. Los regimientos locales sufrían constantemente de sarna y heridas en los pies por la falta de calzado adecuado. Al distribuir los ammunition shoes ingleses, las tropas de los Patricios y Arribeños ganaron una prestancia militar inédita y la capacidad de realizar marchas forzadas de muchos kilómetros sin diezmar sus filas por bajas sanitarias.

De hecho, muchos de esos mismos zapatos ingleses terminaron marchando en las primeras expediciones al Alto Perú en 1810.

Para los milicianos criollos que los heredaron, el rendimiento fue espectacular. Protegían el pie por encima del tobillo (eran zapatos altos o botines que se usaban con polainas de lona), evitando cortes, torceduras y las típicas infecciones en los pies causadas por el agua estancada de la ciudad.


3.i) Cuando los documentos históricos o las crónicas de la época mencionan la confiscación de armamento, uniformes y pertrechos de los "depósitos" tras las capitulaciones inglesas (especialmente tras la rendición de John Whitelocke en 1807), se refieren principalmente a tres lugares específicos que los británicos usaron como bases logísticas en tierra:

Recreación histórica de la Plaza de Toros del Retiro, en Buenos Aires convertida en depósito y centro logístico de las fuerzas británicas durante la invasión de 1807.

## 1. El Depósito de la Plaza de Toros (El Retiro)

Este fue el depósito terrestre más importante dentro de la ciudad de Buenos Aires durante la invasión de 1807.

Se encontraba en lo que hoy es la Plaza San Martín, en el barrio de Retiro. En ese entonces, allí funcionaba una enorme plaza de toros circular de mampostería.

El general inglés Samuel Auchmuty logró tomar este sector estratégicamente elevado al inicio del asalto urbano. Convirtieron el edificio de la Plaza de Toros en su cuartel general de artillería, hospital de sangre y depósito principal de suministros en tierra.

Cuando Whitelocke firmó la capitulación, en las instalaciones de Retiro se confiscaron cientos de fusiles, municiones, pólvora y uniformes de reserva que las columnas británicas no habían llegado a distribuir.

## 2. Los Almacenes y Cuarteles de Montevideo (La Banda Oriental)

Gran parte de los uniformes y sables confiscados proviene del desarme de la guarnición en Montevideo, que formaba parte obligatoria de la misma capitulación de julio de 1807.

A diferencia de Buenos Aires (donde los británicos operaban "a pie" y de forma precaria), en Montevideo habían tomado la ciudad por completo desde febrero de 1807.

Allí montaron verdaderos almacenes militares en tierra utilizando las viejas bóvedas españolas y la aduana local. El tratado de rendición obligó a los ingleses a evacuar Montevideo en un plazo de dos meses.

Aunque se les permitió llevarse sus pertenencias privadas, una inmensa cantidad de suministros militares pesados, pólvora excedente, proyectiles y pertrechos que no podían cargar rápidamente en los barcos pasaron a manos de las milicias criollas de Liniers.

## 3. El Arsenal de la Residencia (San Telmo)

Durante el feroz combate casa por casa de 1807, otra columna británica al mando del coronel Denis Pack logró atrincherarse en el extremo sur de la ciudad.

En el actual barrio de San Telmo, ocupando lo que se conocía como La Residencia (antiguo colegio e iglesia de los jesuitas, cerca de las actuales calles Humberto I y Defensa).

El regimiento británico acumuló allí un depósito táctico de municiones, sables y pólvora para resistir el contraataque de las milicias de Buenos Aires. Al verse rodeados y sin escape, debieron rendir el puesto entregando intacto todo el parque militar acumulado en el edificio.

## El destino de lo confiscado

Las milicias criollas (como el Regimiento de Patricios o los Húsares) estaban críticamente cortas de equipo propio. Los miles de fusiles Brown Bess capturados en estos depósitos de la "Plaza de Toros" y de Montevideo, junto con las toneladas de pólvora, fueron confiscados por el Cabildo de Buenos Aires. Irónicamente, este armamento confiscado a los depósitos ingleses sirvió apenas tres años después para equipar a las tropas criollas que llevaron adelante la Revolución de Mayo de 1810.


El tratado de capitulación que firmó el general John Whitelocke el 7 de julio de 1807, incluyo la entrega de Montevideo.

Militarmente los ingleses no habían perdido en Montevideo. De hecho, la ciudad de Montevideo estaba firmemente bajo control británico, muy bien defendida y abastecida por su flota.

Sin embargo, la rendición en Buenos Aires obligó legalmente a la entrega de Montevideo debido a los términos del tratado de capitulación que firmó el general John Whitelocke.

Las razones por las que una derrota en Buenos Aires arrastró a Montevideo se resumen en tres puntos clave:

## 1. Por el peso del mando unificado. John Whitelocke no era solo el jefe de las tropas que atacaron Buenos Aires; su cargo oficial era Comandante en Jefe de todas las fuerzas británicas en el Río de la Plata.

Al tener la autoridad máxima, lo que él firmaba comprometía a todo el teatro de operaciones. El jefe militar británico dentro de Montevideo (el general Samuel Auchmuty) estaba subordinado a Whitelocke y no le quedó otra opción legal y militar que acatar la orden de evacuar.

## 2. La presión extrema de Santiago de Liniers y Álzaga. Tras el desastroso asalto inglés del 5 de julio de 1807 en Buenos Aires, las tropas de Whitelocke sufrieron más de 2.500 bajas entre muertos, heridos y prisioneros (casi la mitad de su fuerza de asalto).

Martín de Álzaga (alcalde de Buenos Aires) y Santiago de Liniers (jefe militar criollo) jugaron una carta muy fuerte en la negociación: le exigieron a Whitelocke que, si quería recuperar a sus miles de prisioneros heridos y evacuar Buenos Aires con vida, debía devolver todo el territorio del Río de la Plata, incluyendo Montevideo.

Si Whitelocke se negaba, los criollos amenazaban con continuar la masacre de las columnas inglesas que aún quedaban atrapadas y aisladas en el casco urbano de Buenos Aires.

## 3. Montevideo ya no tenía sentido estratégico. El objetivo político y económico de la corona británica era Buenos Aires, la capital del Virreinato.

Mantener Montevideo de forma aislada, rodeada por la campaña oriental hostil y con Buenos Aires en pie de guerra, se volvía un gasto militar enorme e insostenible a largo plazo.

El artículo principal del tratado estableció un intercambio: Buenos Aires entregaba a los prisioneros ingleses a cambio de que Gran Bretaña desalojara Buenos Aires en un plazo de 48 horas, y Montevideo en un plazo de dos meses.

Cuando Whitelocke regresó a Londres, esta decisión fue vista como una humillación inaceptable. Fue sometido a un consejo de guerra en 1808, donde se lo declaró culpable de cobardía y mala gestión, siendo expulsado del ejército británico con deshonor.