Estanislao López. Batallas en las que participó:
6) Guerra contra el Brasil. (1825–1828)
Estanislao López organiza tropas santafesinas en la guerra brasileña.
La participación de Estanislao López en la Guerra contra el Brasil (1825–1828) fue más política y organizativa que militar directa. Como gobernador de Santa Fe, reunió tropas de su provincia y coordinó con Corrientes y Entre Ríos para abrir un frente en las Misiones Orientales, buscando presionar la retaguardia del ejército imperial y recuperar territorios ocupados. Su intención era proyectar el poder federal más allá del litoral y mostrar que las provincias podían sostener la guerra junto a Buenos Aires.
Organizó un cuerpo de aproximadamente 1.500 a 2.000 hombres, compuesto en su mayoría por caballería santafesina y entrerriana. Con ese cuerpo salió hacia el litoral, en dirección a las Misiones Orientales, pero no condujo personalmente la campaña: delegó el mando en
Fructuoso Rivera, quien operó con autonomía.
En la práctica, López acompañó inicialmente la expedición, pero al advertir la independencia de acción de Rivera y el riesgo de choques internos, se retiró con parte de sus fuerzas a Santa Fe, el resto quedó bajo la conducción de Rivera.
López no “entregó directamente” los hombres desde Santa Fe, sino que los movilizó él mismo y luego los subordinó a Rivera en el terreno. Su papel fue más de organizador y garante de la participación santafesina que de jefe militar en campaña.
Rivera actuó con autonomía porque su objetivo no era simplemente cumplir las órdenes de López, sino afirmar su propio liderazgo en la Banda Oriental. En la campaña de las Misiones Orientales, buscaba consolidar un poder territorial propio, incluso llegando a proclamar una efímera “provincia misionera” en Itaquí. Buscaba mostrarse como caudillo independiente frente a Buenos Aires y los demás jefes federales.
López salió de Santa Fe con un contingente amplio, pero no era un ejército regular, eran milicias provinciales, con poca disciplina y recursos limitados. Al delegar el mando en Rivera, muchos grupos se fueron disgregando en el camino, algunos regresaron a sus hogares y solo una fracción siguió a Rivera en operaciones ofensivas. En "Rincón de Haedo" (1826), Rivera se encontró con apenas 250 hombres porque la mayoría de los santafesinos y entrerrianos ya no estaban bajo su control directo. Esto refleja la fragilidad de las expediciones federales frente a ejércitos regulares como el brasileño.
En términos históricos, su aporte fue clave para legitimar la participación de las provincias federales en la guerra contra el Imperio, aunque los resultados militares fueron limitados. La experiencia reforzó su prestigio como caudillo moderado y lo preparó para asumir, poco después, el mando del ejército federal contra los unitarios en la Batalla de Puente de Márquez.
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7) Batalla en Puente de Márquez. 26 de abril de 1829
Ruta nacional n° 7 (Av. Acceso Oeste) sobre el río Reconquista, Av.Gaona en "Paso del Rey"
Puente Márquez en Paso del Rey, construido en 1773. Permitía cruzar el Río Reconquista (antes rio de las Conchas). Foto de 1928
Historia del Puente de Marquez:
El antiguo Camino Real del Oeste, establecido en 1586, cruzaba el río de las Conchas (hoy rio Reconquista) por el vado natural denominado “Paso del Rey”, situado en las inmediaciones del puente actual de la Ruta Provincial n° 7. Cuando las aguas desbordaban su cauce, quedaba suspendida la comunicación de Buenos Aires con el Alto Perú y Chile.
Como los carros reales enviados por el virrey solían pasar por allí, cruzando el Río Reconquista, porque allí un afloramiento de roca caliza permitía vadear el río, la estancia que se encontraba en sus cercanías fué bautiza: "Estancia Paso del Rey" hoy transformada en una ciudad dentro del Gran Buenos Aires.
Sobre otro camino alternativo, mas al norte (la actual ruta nacional n° 7) en las inmediaciones de la Av.Gaona y sobre el río Reconquista, Don Pablo Márquez, en 1773 levantó con madera el puente de mayor trascendencia histórica bonaerense, por haber sido el lugar obligado para el acceso a Buenos Aires por la ruta del Oeste.
Con Márquez se introduce el derecho de pontazgo (peaje) autorizado por el Cabildo de Buenos Aires y el de Luján. Se instalarán en su proximidad una pulpería y posta. Su construcción fue decisiva en la ruta a seguir por las carretas, cambiando el antiguo Camino Real (ruta provincial n°7) por el camino alternativo (ruta nacional n°7).
Fue el segundo puente de madera sólida apto para ser transitado por carretas. El primero fue sobre el Río Luján en dicha población.
Su ubicación estratégica será decisiva en los desplazamientos militares durante la guerra civil.
Contexto:
Resistido por los caudillos federales desde que quiso imponer una constitución unitaria, luego de la claudicación frente al Imperio del Brasil,
Bernardino Rivadavia renunció a la Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 27 de junio de 1827. Su sucesor
Manuel Dorrego, pactó la paz con Brasil. La Banda Oriental, el objeto de la disputa, se convertía en un estado independiente.
La plana mayor de los ejércitos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que habían obtenido su mayor victoria frente al Imperio en la Batalla de Ituzaingó, recibió la noticia con desagrado. Los jefes militares que condujeron a las tropas de regreso,
Juan Lavalle y
José María Paz, aprovecharon ese ejército para imponer el unitarismo y enfrentarse a los caudillos federales.
Despues de desembarcar en Buenos Aires, Lavalle con un contigentes de tropas, se sublevó el 1° de diciembre de 1828, y depuso al gobernador Manuel Dorrego, a quien persiguio hasta Navarro; y tras capturarlo, ordenó de inmediato su fusilamiento bajo la acusación de traición el 13 de diciembre de 1828.
Tras la ejecución de Dorrego, Lavalle regresó a Buenos Aires para consolidar el poder unitario, asumiendo como gobernador de Buenos Aires, pero su legitimidad era débil, la Legislatura lo desconoció. Sus tropas, disciplinadas en la capital, carecían de apoyo en la campaña.
Cuando, otro contingente de tropas, al mando de José María Paz desembarcaron en Buenos Aires procedentes de la campaña contra Brasil, fueron recibidas con entusiasmo por Lavalle y se integraron al nuevo gobierno unitario, con Paz nombrado "ministro de guerra y jefe de las fuerzas de la capital".
Mientras tanto, Rosas, desde su estancia en San Miguel del Monte, reunió a los “Colorados del Monte” y otras milicias rurales. Su estrategia fue prudente: evitar un choque inmediato con Lavalle y ganar tiempo para coordinar con Estanislao López. Rosas se convirtió en el referente de la resistencia bonaerense, apoyado por la lealtad de los paisanos y por su capacidad de organización militar.
La Batalla:
López, al enterarse del fusilamiento de Dorrego, envió circulares a los demás caudillos denunciando el golpe unitario y llamando a resistir. Córdoba, Santiago del Estero, La Rioja y otras provincias se alinean contra Lavalle. Con experiencia militar y prestigio político, López se erigió en jefe de la causa federal.
José María Paz pronto se distanció de Lavalle porque no compartía su estrategia centrada en Buenos Aires, y marcha hacia Córdoba en marzo, donde derrota a Juan Bautista Bustos en la
"Batalla de San Roque" el 22-abril-182 y se convierte en gobernador de la provincia, desde donde organizó la "Liga del Interior" con Tucumán, Salta, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero, enfrentando al "Pacto Federal" de López y Rosas.
Paz inicia su campaña antes que López. Mientras Paz se proyecta hacia el interior, López organiza la resistencia federal desde Santa Fe y avanza hacia la frontera bonaerense unas semanas más tarde, estableciendo su cuartel general en el arroyo Pavón, desde donde inicia las operaciones contra Lavalle.
Lavalle intenta proyectar su ejército hacia Santa Fe, pero es hostigado por las milicias gauchas de Lopez, que sin aceptar combates y dueña de los recursos, lo van debilitando. En ese avance, acampa en un campo cubierto de hierba venenosa llamada "mío-mío", lo que provoca la muerte de unos 600 caballos (repitiendo la estrategia que uso contra Manuel Dorrego en la Batalla de Gamonal del 2 de septiembre de 1820). La pérdida de caballos era devastadora para ejércitos que dependían de la movilidad de la caballería.
Coraseros de Lavalle.
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El ejército de Lavalle que regresó de la guerra contra Brasil en 1828 estaba compuesto principalmente por los célebres Coraceros (veteranos de caballería equipados con armaduras), disciplinados y bien armados, con experiencia en combates como Ituzaingó.
Era un cuerpo reducido pero altamente entrenado, muy distinto de las milicias rurales federales. Estos soldados eran en su mayoría de extracción popular y rural, con simpatías federales, pero estaban bajo la conducción de oficiales unitarios, que aprovecharon el prestigio militar de la victoria en Ituzaingó para legitimar su golpe contra Dorrego.
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Después de varios reveses, Lavalle se retiró de Santa Fe hacia el norte de Buenos Aires.
Rosas con sus Colorados del Monte y las milicias rurales reunidas en Luján y Arrecifes, se une a las tropas de Lopez que venian hostigando la retirada de Lavalle hacia Buenos Aires, preparando la ofensiva que desembocó en la Batalla de Puente de Márquez el 26 de abril.
La coordinación entre López y Rosas permitió reunir fuerzas suficientes para enfrentar al ejército unitario —unos 7.000 hombres entre santafesinos, entrerrianos, porteños e indígenas aliados— contra los 2.000 soldados de Lavalle.
Monolito recordatorio Combate Puente del Márquez (26-abril-1829)
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El enfrentamiento decisivo tuvo lugar el 26 de abril de 1829, en los “Campos de Alvarez”, un poco más al oeste del "Puente de Márquez", sobre el lado norte del río Las Conchas (hoy río Reconquista), que era la línea natural de defensa al noroeste de Buenos Aires.
El puente mismo fue el punto estratégico: si Lavalle lo cruzaba, podía contener la invasión; si López y Rosas lo mantenían, aseguraban la entrada hacia Buenos Aires.
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La iniciativa del combate la tomó Lavalle, quien atacó con 1.400 soldados de caballería, 500 infantes y 4 piezas de artillería. Las fuerzas federales contaban con 4.000 gauchos y 3.000 indios de la Pampa y el Chaco, pero los federales resistieron y contraatacaron con superioridad numérica y caballería fresca, López por la izquierda y Rosas por la derecha. La lucha duró 4 horas (de las seis a las diez de la mañana) y fue encarnizada; en el campo de batalla quedaron 150 muertos y numerosos heridos.
Las tropas de Lavalle, son arrolladas de tal modo que se replegaron hacia la ciudad de Buenos Aires. Lavalle no se atrincheró dentro del Fuerte de Buenos Aires porque, para entonces, la fortaleza colonial ya no funcionaba como bastión defensivo: era sede administrativa y símbolo del poder, pero no un reducto militar capaz de resistir un sitio prolongado. Optó por sostener su gobierno desde el núcleo urbano, buscando apoyo político más que refugio militar.
Mientras tanto, las tropas federales de López y Rosas acamparon en los Campos de Álvarez, al norte del río Las Conchas (actual Reconquista), y desde allí ejercieron presión sobre la capital. El sitio no fue cerrado como un cerco medieval: consistió en controlar los accesos, hostigar las comunicaciones y mantener la amenaza constante de entrada, sin bloquear totalmente la ciudad. Esta modalidad de asedio reflejaba la naturaleza de la guerra civil rioplatense, más política y de desgaste que de ocupación inmediata.
Sin provisiones desde el campo, meses después, Lavalle firmará un tratado de paz con Rosas, quien sería elegido gobernador en diciembre de ese año.
Estanislao López se retiró y emprendió viaje a Santa Fe, ante un presunto ataque del General José María Paz que había derrocado al gobernador de la provincia de Córdoba.
Consecuencias: El triunfo en la batalla permitió a los federales quedarse con el gobierno de Buenos Aires y llevar la guerra contra los unitarios al interior; contando a su favor con los enormes recursos económicos de dicha provincia. A fines de 1831, el partido unitario sería derrotado en casi todo el país.
8) "El Tío", la batalla que no fue. (10 de mayo de 1831)
Estanislao López enfrenta a Paz y frena la Liga Unitaria.
José María Paz, que venía de las guerra del Brasil cargado de medallas y con un brazo inútil, se había hecho de la gobernación de Córdoba tras derrocar a Juan Bautista Bustos, en la
"Batalla de San Roque" el 22-abril-1829.
Tras la derrota de Bustos, Paz se consolidó como jefe unitario en el interior, y eso obligó a
Facundo Quiroga -caudillo de La Rioja y aliado de López y Rosas- a marchar contra él para impedir que los unitarios dominaran las provincias.
Quiroga, avanzaba con un ejército numeroso pero poco disciplinado. Paz desplegó sus tropas con orden europeo, utilizando artillería y caballería en maniobras coordinadas. La batalla de "
La Tablada (22–23 de junio de 1829)"" se libró cerca de la ciudad de Córdoba, y aunque fue encarnizada, la disciplina de los hombres de Paz prevaleció. Quiroga, con su caballería gaucha, no pudo romper las líneas regulares y terminó retirándose.
El segundo choque fue aún más decisivo. Quiroga reunió un ejército mayor, con apoyo de caudillos federales, pero Paz volvió a imponer su táctica: formaciones cerradas, uso eficaz de la artillería y caballería disciplinada. La "
batalla de Oncativo (25 de febrero de 1830)" fue una derrota aplastante para Quiroga: su ejército quedó desorganizado, perdió miles de hombres y nunca volvió a recuperar la fuerza militar que lo había hecho temible.
Esos triunfos resonantes convirtieron al general Paz en el hombre fuerte del bando unitario y en el referente antirrosista más reputado de la época. Desde Córdoba, su provincia natal, el vencedor tejió la Liga del Interior, una alianza que reunía en su seno, además de Córdoba, a ocho provincias argentinas. Sólo quedaron fuera: Buenos Aires –gobernada por Juan Manuel de Rosas–, Santa Fe –gobernada por Estanislao López-, Corrientes y Entre Ríos. Para frenar el empuje de la flamante liga enemiga, estas provincias suscribieron el Pacto Federal del 4 de enero de 1831.
Tras la firma de ese acuerdo, fueron por Paz. Un poderoso ejército reclutado por López (que permanecio en Santa Fe, dirigiendo la campaña como jefe político), invadió por el este el territorio cordobés, deteniéndose a unas 30 leguas de la capital. Entre los oficiales de aquella fuerza revistaban
Pascual Echagüe, lugarteniente de López; Mariano Bustos, hijo del malogrado ex gobernador de Córdoba, y
Francisco Reynafé, miembro de una influyente familia del norte cordobés.
La acción de sus enemigos obligó a su vez a José María Paz a ponerse en movimiento. El famoso "manco" reunió a sus tropas y partió al encuentro del ejército invasor.
Paz era un guerrero profesional, amante de la disciplina y cultor de tácticas militares novedosas con las que solía sorprender a sus adversarios ocasionales. Las llamadas "montoneras federales", en cambio, integradas por gauchos armados y engordadas por la incorporación de indios amigos, eran tan feroces como indisciplinadas. Paz las despreciaba profundamente. Tanto como a los caudillos que las mandaban.
Para el mes de mayo de 1831 las tropas de Paz llegaron a las inmediaciones de
"El Tío", donde estaban los santafesinos. Seguramente allí se hubiera librado la batalla decisiva si el destino no le hubiese jugado a Paz una mala pasada...
Las puntas de ambos ejércitos casi se tocaban. Las avanzadas de uno y otro bando se aventuraban más allá de las propias líneas para establecer la ubicación del enemigo y la cuantía de sus fuerzas. Hasta que el día 10 de mayo de 1831 sucedió lo inesperado.
El propio Paz se hallaba reconociendo el terreno cuando avistó una partida de soldados sin que pudiera establecer con certeza si era gente suya o del enemigo. Por las dudas, espoleó su caballo y se alejó al galope del lugar. Pero vaciló y uno de los que lo perseguían, con un acertado tiro de bolas le inutilizó su caballo y cayó prisionero.
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Esta boleadora que se exhibe en el Museo Histórico Nacional en Buenos Aires está atribuída tradicionalmente al "boleo" del caballo de José María Paz en El Tío, por el soldado Francisco Zeballos -o Cevallos- que fue premiado con el rango de capitán de milicias.
Pero, no hay registro oficial que certifique la cadena de custodia desde 1831 hasta su ingreso al museo; por eso se habla de “atribución” más que de certeza absoluta.
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El ejército de José María Paz reunía unos 5.000 hombres, organizados en divisiones regulares con artillería e infantería disciplinada, mientras que las fuerzas enviadas por Estanislao López desde Santa Fe contaban con alrededor de 4.000 efectivos, en su mayoría caballería ligera y montoneras federales.
"El Tío" no fue escenario de una gran batalla, sino del accidente que definió la campaña.
No hubo batalla. Paz prisionero, fue llevado a Santa Fe. Allí, en el edificio de la Aduana convertido en prisión, pasaría cuatro años, tiempo en que su vida pendía de un hilo.
Córdoba, en tanto, cayó en poder de Estanislao López, y tras una temporada de persecuciones y terror desatada por el ejército de ocupación, la situación se normalizó y el gobierno quedó en manos de los hermanos Reynafé, personeros del gobernador santafesino.
En 1836 el general Paz fue trasladado a Buenos Aires, donde poco más tarde Rosas lo dejó en libertad bajo palabra. Temiendo por su vida y faltando a su compromiso, en 1840 Paz huyó a la Banda Oriental y desde allí reanudó su campaña contra Rosas.