3.a) Los treinta y tres orientales
El comienzo de todo, recuperación y perdida.
El 17 de abril de 1825 partió, de San Isidro, la expedición de los "Treinta y Tres Orientales" con el respaldo de Ganaderos y Saladeristas de Buenos Aires, iniciando la gesta libertadora de la Banda Oriental.
El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, Juan Manuel Blanes- Óleo sobre tela 311 x 546 cm - Museo Juan Manuel Blanes.
Antiguos seguidores de Artigas que se encontraban emigrados en Buenos Aires tras la ocupación de la Banda Oriental por el Imperio del Brasil, entre los que se encontraban:
Juan Antonio Lavalleja,
Manuel Oribe,
Pablo Zufriategui, Luis Ceferino de la Torre, Manuel Lavalleja, Simón del Pino y otros, se reunieron y resolvieron invadir el territorio oriental para luchar por su liberación de la dominación brasileña, al mando del jefe de mayor graduación militar, que resultó ser el coronel Lavalleja.
Las reuniones se celebraban en un saladero de Barracas, de propiedad de Pascual Costa donde Lavalleja trabajaba, y en la casa de Ceferino de la Torre (quien diseño la Bandera de los Treinta y Tres Orientales).
Orientales y porteños contribuyeron con sus donativos a la preparación de la invasión.
Los mayores aportes económicos provinieron de Juan Manuel de Rosas, la familia Anchorena, Pascual Costa, Miguel Riglos, Ramón Larrea, Félix de Álzaga, Juan Pedro Aguirre y Mariano Fragueiro; todos ganaderos y saladeristas de la provincia de Buenos Aires que veían en la ocupación brasileña un peligro para sus intereses, ya que los saladeros porteños habían visto mermados sus mercados regionales por la competencia de sus similares de Río Grande del Sur, que se nutrían de las arreadas de ganado de los campos de la Cisplatina.
En 1825, el gobernador de Buenos Aires era Juan Gregorio de Las Heras (destacado general del Ejército de los Andes, que participo en la independencia de Chile y Perú), quien había asumido el cargo en 1824, sucediendo a Martín Rodríguez, y gobernó hasta 1826. Su gobierno no apoyó oficialmente la expedición de Lavalleja y Oribe, pero permitió que los exiliados orientales se organizaran en Buenos Aires y recibieran apoyo financiero de figuras como Juan Manuel de Rosas y la familia Anchorena.
La decisión de las autoridades de Buenos Aires de apoyar (secretamente por ahora) la expedicón, estuvo vinculada al triunfo, en el frente norte, de las fuerzas patriotas sobre las tropas realistas en
Ayacucho el 9 de junio de 1824, que logrando la rendición del virrey José de la Serna, significó la caída definitiva del dominio español en Sudamérica.
Durante su gobierno, tuvo un papel fundamental en la reunión del Congreso General de 1824 convocado para restaurar la unidad nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata y redactar una constitución tras la crisis de la Anarquía del Año XX. Asistieron representantes de 17 provincias, aunque Buenos Aires tuvo mayor influencia, razon por la cual, los unitarios dominaron el Congreso. Sus resoluciones clave son:
- La Ley Fundamental (1825) reconoció la autonomía provincial, y estableció un Poder Ejecutivo Nacional Provisorio, que quedaría en manos del Gobierno de Buenos Aires hasta la promulgación de una constitución. Esto significaba que Buenos Aires tenía la autoridad para manejar las relaciones exteriores, nombrar ministros, celebrar tratados (con aprobación del Congreso) y ejecutar las resoluciones del Congreso.
- Declaró la guerra al Imperio del Brasil (1825) tras la insurrección de los Treinta y Tres Orientales.
Buscando apoyo para la insurrección,
Juan Manuel de Rosas llevó, a Santa Fe, a una delegación de uruguayos a reunirse con el gobernador
Estanislao López, con el objetivo de obtener su respaldo, para la expedición de Lavalleja, para asegurar que los insurgentes pudieran recibir ayuda desde el territorio argentino. Rosas había acordado llevar cabezas de ganado a López en parte de pago del tratado de Paz con Buenos Aires acordado recientemente (Tratado de Benegas firmado el 24 de noviembre de 1820) y aprovechó la ocacion.
Y fue tambien Rosas, un espía, pues con el pretexto de comprar campos a nombre de sus primos los Anchorena, se traslada a Entre Ríos y de allí a la Banda Oriental, con el fin de obtener información del estado de las tropas brasileras en la campaña, reconocer el terreno de lucha, y reunirse con vecinos destacados para analizar la posibilidad de la acción libertadora.
Según sus propias memorias, escritas en 1868 mientras vivía en el exilio en Southampton (Inglaterra), menciona que su viaje tenía un propósito encubierto:
".... para que no sospecharan el verdadero importante objeto de mi viaje, que era conocer personalmente la opinión de los patriotas, comprometerlos a que apoyasen la empresa, y a ver el estado y número de las fuerzas brasileras.
Tambien confesaría Rosas en dicha memorias:
"...al fijarme en los sucesos de la Provincia Oriental la parte que tuve en la empresa de los 33 patriotas", resaltando que
"así procedí de acuerdo en un todo con el ilustre don Juan Antonio Lavalleja; y fui también quien facilitó una gran parte del dinero necesario para la empresa de los Treinta y Tres Orientales…".
Finalmente, el 19 de abril de 1825 una avanzada de la expedición al mando de Manuel Oribe (quien luego sería el segundo presidente constitucional de Uruguay entre 1835 y 1838), embarcó en el puerto bonaerense de San Isidro y desembarcó en una isla del Brazo Largo del río Paraná. El grueso al mando de Lavalleja partió poco después pero, demorado por un fuerte temporal, y despues de navegar los riachos internos del laberintico Delta, se reunieron recién el 15 de abril.
Vencidos los obstáculos iniciales, la pequeña expedición cruzó el rio Uruguay y desembarcó el 18 de abril por la noche en la solitaria playa de «la Agraciada», rio abajo de la desembocadura del arroyo Agraciada, en cercanías del puerto de Nueva Palmira.
Pocos días antes de la incursión, algunos agentes secretos habían viajado a la Banda Oriental para informar sobre lo que iba a ocurrir y se enviaron armas, monturas y municiones a una isla del Paraná próxima a la Agraciada, para ser utilizadas por los expedicionarios.
Se reunió al día siguiente caballada para iniciar la marcha por el camino a Soriano; cuando los treinta y tres llegaron a esta población, su número pasaba de cien personas.
Allí lanzó Lavalleja su primera proclama:
Viva la patria. Argentinos - orientales: . . . "las provincias hermanas sólo esperan este pronunciamiento para protegerlos en la heroica empresa de conquistar sus derechos; que la gran nación argentina, de que son parte, tiene sumo interés en que sean libres; que el congreso que preside los destinos de aquélla no trepidará en asegurar el de los orientales si se muestran decididos"... El objetivo de la lucha que se iniciaba era "constituir la provincia bajo el sistema representativo republicano en uniformidad a las demás de la antigua Unión"...
Uno de los jefes de mayor prestigio en la campaña con que contaba el barón de la Laguna,
Carlos Federico Lecor, gobernador de la Provincia Cisplatina, era el brigadier
Fructuoso Rivera, a quien se dio orden para que procediese contra los invasores procedentes de Buenos Aires.
Cuando comenzó la insurrección de los Treinta y Tres Orientales en abril de 1825, Lecor había sido reemplazado en Montevideo por el general Álvaro da Costa de Sousa Macedo, debido a cambios en la administración brasileña. Lecor había sido clave en la ocupación portuguesa de la Banda Oriental en 1817, pero con la independencia de Brasil en 1822, su influencia disminuyó. En 1825 Lecor se encontraba en Río de Janeiro.
El caudillo Fructuoso Rivera, inicialmente combatió bajo el mando de Artigas en su lucha por la independencia del dominio español, pero con el tiempo se distanció y terminó aliándose con los portugueses en 1818, lo que debilitó la resistencia artiguista. Lavalleja, en cambio, permaneció leal a Artigas hasta su exilio en 1820, y luego se refugió en Buenos Aires.
Lecor manda a Rivera con escasos 70 hombres a enfrentar a Lavalleja, y ambos bandos se encuentran, el 29 de abril de 1825, a orillas del arroyo Monzón, a unos 15 km de Cardona. A partir de aquí, lo único absolutamente cierto es que ambos caudillos acuerdan seguir juntos la lucha por la independencia del imperio del Brasil.
Versiones hay muchas, sobre lo que sucedió entre el encuentro de ambos y la decisión de seguir juntos la lucha. Unos afirman que Rivera fue hecho prisionero por Lavalleja y este le dio a elegir entre ser fusilado y unirse a él; otros que Rivera ya había decidido desde tiempo antes que se uniría a la Cruzada Libertadora y ya estaba todo arreglado. Lo cierto es que ambos se encerraron a solas y nadie sabe exactamente lo que se dijeron. El hecho pasa a la historia como el
Abrazo del Monzón. Gracias a ese abrazo, toda la Banda Oriental se levantó en armas y cuatro meses más tarde se declararó la independencia en la Piedra Alta, en Florida.
Hay versiones que afirman, que el propio Juan Manuel de Rosas, por las mismas razones por las que financió la Cruzada Libertadora, se entrevisto secretamente con Bernardina Fragoso, esposa de Rivera, en Durazno, procurando acercar a los dos caudillos antes del desembarco de los 33.
El 10 de mayo de 1825, Lavalleja y Rivera llegan a la Villa del Durazno, donde se estableció su cuartel general. Alli firmaron varios documentos clave para la organización militar, uno de ellos fue la "
Orden General del 15 de mayo", que establecía normas estrictas para evitar abusos dentro del ejército revolucionario.
Con ella se buscaba dar una señal inequívoca de que se trataba de un movimiento de emancipación orientado por un sentido de orden. Se tenía la total decisión de no tolerar los abusos que se habían dado de manera generalizada en la anterior etapa revolucionaria. Por eso comenzaba la misma diciendo:
“La experiencia ha manifestado desgraciadamente en otras épocas, que en la revolución las pasiones se desenfrenan, y los malvados se aprovechan en estos momentos para cometer los delitos de deserción, homicidio, estupro y latrocinio…”. En consecuencia, se establecían severas sanciones para quienes alteraran el orden.
A esa Orden General del 15 de mayo se le dio la mayor difusión en todas las poblaciones y unidades del ejército en formación. Incluso se publicó en la prensa de Buenos Aires.
Desde El Durazno, Lavalleja coordinó las operaciones contra las fuerzas brasileñas, consolidando el control de la campaña oriental antes de enfrentarse a Montevideo.
En respuesta, el gobierno imperial envió al almirante Rodrigo José Ferreira Lobo, quien llegó en la primera quincena de junio de 1825 con numerosas unidades de guerra y contingentes de soldados. Estas fuerzas tenían la misión de reforzar la presencia militar brasileña en Montevideo y otras zonas estratégicas de la Banda Oriental. Sin embargo, a pesar de estos refuerzos, la insurrección continuó ganando apoyo.
La
batalla del Rincón de las Gallinas o del Rincón de Haedo, del 24 de septiembre de 1825, fue el primer encuentro militar entre las tropas revolucionarias comandadas por Fructuoso Rivera y las tropas de origen portugués fieles al Imperio del Brasil del comandante João Propício Mena Barreto, siendo vencedor Rivera, partiendo del lugar arreando 8.000 caballos, que llevaron hasta el cuartel de Lavalleja, en Durazno.
Clandestinamente salían del parque de Buenos Aires armas y municiones para los orientales, aunque el ministro de relaciones exteriores de las Provincias Unidas
Manuel José García expresaba la total falta de participación del gobierno. Pero el gobierno imperial desconfiaba y la relación con Buenos Aires era tensa.
En 1825, el gobernador de Buenos Aires y líder de las Provincias Unidas del Río de la Plata era
Juan Gregorio de Las Heras. Las Heras había asumido el cargo en 1824, sucediendo a
Martín Rodríguez, y gobernó hasta 1826.
Si bien su gobierno no apoyó oficialmente la expedición de Lavalleja y Oribe, permitió que los exiliados orientales se organizaran en Buenos Aires y recibieran apoyo financiero de figuras como Juan Manuel de Rosas y la familia Anchorena.
En mayo de 1825 la goleta Libertad del Sud, adquirida por los patriotas orientales, llevó al Buceo 40.000 pesos, 1.700 armas de fuego, sables y municiones enviados por el gobierno de Buenos Aires. Y los combatientes de la Banda Oriental supieron que tropas de las Provincias Unidas marchaban a Entre Ríos al mando del general Martín Rodríguez para situarse en las márgenes del río Uruguay a fin de acudir en auxilio de los revolucionarios. En poco tiempo, los insurrectos dominaron el territorio oriental con excepción de Montevideo, Colonia y Mercedes, que ocupaban fuertes concentraciones de tropas imperiales.
¿Cuantos integraron la gesta que partió de San Isidro? Sin duda, más del número consagrado en la historia que se hizo leyenda.
Oficialmente en 1830, el ya coronel Manuel Oribe confeccionó la "lista oficial de los 33 Orientales de 1825", que fue ratificada por el general Lavalleja el 28 de julio de 1830. No figuran varios nombres que la tarea historiográfica ha hecho partícipes.
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3.b) Congreso de la Florida - 1825
Declaró la independencia de la Banda Oriental el 25-agosto-1825 y su unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El Congreso de la Florida reunió a 19 diputados representantes de los cabildos de la Provincia Oriental, quienes sesionaron en Piedra Alta el 25 de agosto de 1825.
Pintura "Asamblea de la Florida", realizada por Eduardo Amézaga, exhibida en el Museo Histórico Nacional de Uruguay.
Sobre esta base, convocó Lavalleja a un congreso de representantes de los cabildos liberados, que se reunió en la Florida el 14 de junio de 1825, al que asistieron diputados de Colonia, Maldonado, Canelones, San José, Soriano, San Pedro (actual departamento de Durazno) y se formó el Gobierno Provisorio bajo la presidencia de Manuel Calleros.
Uno de sus primeros actos de Calleros fue convocar al Congreso de la Florida, que el 25 de agosto de 1825 declaró la independencia de la Banda Oriental y su unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ademas, Lavalleja fue reconocido como Gobernador y Capitán General de la Provincia Oriental, quien comisionó a dos de sus miembros, Muñoz y
Javier Gomensoro, para que solicitasen al Congreso nacional la admisión de la provincia oriental en la comunidad argentina y su intervención contra el Brasil.
La respuesta a la decisión del Congreso de la Florida, fue el 24 de octubre de 1825, cuando el Congreso General Constituyente con sede en Buenos Aires aceptó la voluntad de los líderes orientales, aprobando la reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata, restableciéndole el nombre que le había dado José Gervasio Artigas: Provincia Oriental.
Nota: El Congreso General Constituyente de Buenos Aires de 1824 fue una asamblea convocada con el objetivo de organizar políticamente las Provincias Unidas del Río de la Plata y redactar una Constitución Nacional.
Se reunió en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1824, impulsado por Bernardino Rivadavia, quien buscaba centralizar el poder en Buenos Aires. Sus principales decisiones fueron:
- Ley Fundamental (1825): Reconoció la autonomía de las provincias hasta la sanción de una constitución,
- Creación del Poder Ejecutivo Nacional Provisorio, delegando funciones en el gobernador de Buenos Aires,
- Reconocimiento de la independencia de la Banda Oriental, en respuesta al Congreso de la Florida del 25 de agosto de 1825.
En 1826, el Congreso eligió a Bernardino Rivadavia como primer presidente de las Provincias Unidas, pero la Constitución (de 1826) redactada generó rechazo en las provincias federales, lo que llevó a la disolución de dicho Congreso en 1827.
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3.c) La Batalla de Sarandí.
12 de octubre de 1825
La batalla de Sarandí, óleo de Juan Manuel Blanes.
Tuvo lugar en las puntas del arroyo Sarandí, a 65 kms de la ciudad donde sesionaba el Congreso de la Florida, y a 150 km al norte de Montevideo desde donde salio una tropa de alrededor de mil soldados brasileños, al mando del coronel Bento Manuel Ribeiro, con el plan de unirse al ejército brasileño que estaba en la campaña, comandado por el general Bento Gonçalves y que tenía una fuerza similar.
Enterado Lavalleja, que se encontraba en Durazno, de la salida de tropas brasileñas desde Montevideo, trató de impedir que éstas se unieran pero no tuvo éxito, de modo que finalmente ambos ejércitos brasileños lograron reunirse. En un gran esfuerzo, Lavalleja pudo reunir un contingente de número similar al brasileño.
En Sarandí, impresionante combate de caballería, las fuerzas enfrentadas fueron:
- Ejército Oriental (liderado por Juan Antonio Lavalleja) entre 2.200 y 2.600 hombres, divididos en tres alas (Derecha comandada por Pablo Zufriategui, Izquierda dirigida por Fructuoso Rivera, y Centro: bajo el mando de Manuel Oribe) que contaban con caballería ligera, armados con sables y lanzas, contra el
- Ejército del Imperio del Brasil (liderado por Bento Manuel Ribeiro) con aproximadamente 1.500 soldados, organizados en infantería y caballería, equipados con fusiles y artillería ligera.
La batalla fue un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, donde los orientales lograron una victoria decisiva, consolidando la insurrección, y significó para el Imperio del Brasil el comienzo del fin de la Provincia Cisplatina.
De todos modos, el ejército brasileño retenía el dominio del nordeste, lo que le permitía mantenerse en contacto con su territorio metropolitano, motivo por el cual, se llevaron a cabo acciones para tratar de dominar esa zona, lo que permitió que el 31 de diciembre de 1825 los hombres al mando del coronel Leonardo Olivera lograran ocupar la Fortaleza de Santa Teresa, situada en el departamento de Rocha, cerca de la actual frontera con el Brasil, desalojando de ella a la fuerza ocupante. A partir de ello, las fuerzas brasileñas solamente ocupaban las ciudades sitiadas de Colonia y Montevideo.
Fuentes:
1) La Guerra contra el Imperio del Brasil (1825-1828) . www.argentina.gob.ar