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4.a) El Imperio del Brasil declara la guerra.
La "Guerra de la Cisplatina" duro casi tres años, desde 19-diciembre-1825 hasta agosto-1828.
La primera acción militar de Brasil fue el envío de su escuadra a bloquear el puerto de Buenos Aires y la desembocadura del Río de la Plata.
La guerra obligó a la reconstrucción del ejército -desmantelado por las reformas de Bernardino Rivadavia- y a la creación de una Armada.
Nota: Las reformas de Bernardino Rivadavia, implementadas entre 1820 y 1824, durante su gestión como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores bajo el mandato del gobernador Martín Rodríguez, primero, y luego como presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata (cargo que ejercio desde el 8 de febrero de 1826 hasta su renuncia el 27 de junio de 1827), tuvieron un impacto significativo en la estructura militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Rivadavia promovió una reorganización del Estado, que incluyó la reducción del ejército regular y la eliminación de ciertas unidades militares que consideraba innecesarias o políticamente peligrosas. Reformas que habían debilitado su capacidad operativa.
Motivos de la reorganización militar: Economía: reducir el gasto público tras años de guerra. Política: evitar que los jefes militares provinciales acumularan poder autónomo. Institucional: crear un ejército nacional dependiente del Ejecutivo, no de las provincias. Estas medidas generaron tensiones con oficiales veteranos de la independencia y con las provincias, que veían en ellas una centralización porteña.
Sin embargo, en 1825, la necesidad de vigilar la frontera con el Imperio de Brasil y consolidar una fuerza capaz de enfrentar a sus tropas, hizo que Rivadavia organizara un "Ejército de Observación" en Entre Ríos, reclutando nuevos soldados con una estructura más centralizada.
Cuando, en diciembre de 1825, se supo de la declaración de guerra por parte del Imperio del Brasil, se propuso crear un Poder Ejecutivo nacional.
La Ley de Presidencia fue aprobada el 6 de febrero de 1826. Ella creó un Poder Ejecutivo Nacional permanente, con el título de "Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata", que sería designado por el Congreso; y duraría en sus funciones el tiempo que tardase en ser establecida la proyectada constitución nacional. Para el cargo fue elegido Bernardino Rivadavia, quien nombró a Carlos María de Alvear como su ministro de guerra y marina.
La guerra con el Brasil impuso la nacionalización del ejército, que hasta entonces era provincial. Solo el de Buenos Aires ofrecía ya una estructura militar regular.
Pintura "El Congreso General Constituyente de 1824" Augusto Ballerini (1857-1902), Museo "Enrique Udaondo".
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El Congreso General Constituyente de 1824 (instalado en Buenos Aires), aprobó el 31 de mayo de 1826, la creación del ejército nacional y el refuerzo de la línea de defensa del río Uruguay, que se estableció con el nombre de "ejército de observación", a las órdenes del general Martín Rodríguez.
El Congreso de 1824 reunió a 33 diputados electos, aunque en la sesión inaugural del 16 de diciembre estuvieron presentes solo 22 (1 diputado cada 15.000 habitantes o fracción superior a 7.500) Provincias representadas: Buenos Aires (8 representantes de 9 electos), Córdoba, Mendoza, San Juan, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Entre Ríos, Corrientes, Jujuy y Misiones. Santa Fe y La Rioja se incorporaron más tarde.
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La ley del ejército nacional arrastró la necesidad de otras leyes nacionales, como ser: la formación de un fondo de la Nación, y la creación del "Banco nacional".
Así que, aunque el Ejército Argentino tiene sus raíces en 1810, la creación legal y nacional del Ejército como institución estatal se consolidó durante la guerra con el Brasil, reforzando el concepto de un Estado nacional con un ejército centralizado, subordinado al poder presidencial.
Ir al capítulo: 4.b) Ejército Argentino. Cómo se creó
El "Ejército de Observación", que se concentró sobre la margen occidental del río Uruguay, en las proximidades del arroyo Ayuí Grande, al norte de la actual Concordia, provincia de Entre Ríos. El lugar coincidía con el histórico "Campo del Ayuí" que ya había sido usado por Artigas en 1811 durante el Éxodo Oriental.
El ejercito estaba compuesto por aproximadamente 1.500 hombres, que incluían unidades provenientes de Entre Ríos, Buenos Aires y Misiones, con una destacada participación de soldados guaraníes bajo el mando de
Félix de Aguirre. La caballería jugaría un papel clave en la ofensiva, mientras que la artillería proporcionó apoyo en los enfrentamientos iniciales contra las fuerzas brasileñas.
Desde aqui cruzaron, por el Salto Chico, hacia la Banda Oriental el 28 de enero de 1826. Su avance se coordinó con las fuerzas de
Juan Antonio Lavalleja, líder de los Treinta y Tres Orientales.
Los orientales no tenían preparación militar adecuada, y sus jefes estaban divididos en dos facciones, dirigidas por Lavalleja y Rivera.
Este
"Ejército de Observación" iniciadas las operaciones militares y unido al Ejército Oriental, adoptó el nombre
"Ejército Republicano", enfatizando su carácter opuesto a la monarquía brasileña.
El 17 de junio de 1826,
Juan Antonio Lavalleja exigió al general
Martín Rodríguez que enviara a
Fructuoso Rivera a Buenos Aires para informar sobre la situación en la Banda Oriental. Rivera, fue recibido con desconfianza por el gobierno porteño y el presidente Bernardino Rivadavia ordenó su arresto, pero en septiembre de 1826, Rivera logró escapar y se refugió en Santa Fe, bajo la protección de
Estanislao López. Este episodio refleja las tensiones políticas entre los líderes orientales y el gobierno central de Buenos Aires durante la guerra.
La presencia de diputados orientales en el "Congreso de 1824", se explica por la "
Asamblea de la Florida", celebrada el 25 de agosto de 1825 en Piedra Alta, donde se declaró la independencia de la Provincia Oriental respecto del Brasil y su unión con las Provincias Unidas del Río de la Plata, acto político que otorgó legitimidad a la representación oriental en Buenos Aires.
El Congreso reconoció de hecho la incorporación de la provincia Oriental a las Provincias Unidas el 25 de octubre de 1825, en sesión secreta, y se admitió como diputado de la misma a
Javier Gomensoro. Esa situación obligaba a organizar la defensa de la provincia reincorporada, es decir, llevaba a la guerra con el Imperio del Brasil.
Todas las provincias, según sus posibilidades, enviaron contingentes para formar el ‘Ejército de Observación’. Sin embargo, el Congreso General de 1824 no reflejaba una representación equitativa, ya que Benos Aires contaba con mayoría de diputados, lo que alimentaba la desconfianza de las provincias en Rivadavia (nombrado por el este), de modo que dieron su colaboración con mucha reticencia y suspicacia.
Suspicacia fue en aumento cuando varios de los oficiales enviados al interior del país a reunir tropas utilizaron las fuerzas a su mando para hacer prevalecer el partido del presidente; el caso más destacado fue el de Gregorio Aráoz de Lamadrid, que destituyó al gobernador de la provincia de Tucumán Javier López, y se hizo elegir en su lugar.
Luego Lamadrid siguio en guerra con Facundo Quiroga lo que impidió la incorporación de tropas de muchas provincias al Ejército nacional.
Por otra parte, la sanción de la Constitución de 1826, fue de neto corte unitario, razon por la que fue rechazada por la mayoría de las provincias del interior, que disminuyeron aún más su aporte al esfuerzo bélico.
Para intentar resolver este problema, la comandancia de las tropas nacionales le fue propuesta al gobernador de Córdoba Juan Bautista Bustos, y al general José de San Martín, que la rechazaron.
Carlos María de Alvear ministro de guerra durante el gobierno de Rivadavia, aprovechó su cargo para equipar generosamente al Ejército, mientras negociaba su nombramiento como su comandante en jefe. Mando que aAsumió a finales de diciembre de 1826, en Salto, ya en territorio oriental, adonde había trasladado el campamento el general Rodríguez.
El Ejército Republicano, comandado por Carlos María de Alvear, en septiembre de 1826 alcanzó una fuerza de aproximadamente 7.000 hombres.
Por su parte, el Imperio reforzó sus contingentes en el territorio de Río Grande y los puso bajo el mando de un jefe de prestigio, el
marqués de Barbacena.
Las fuerzas del Imperio ―descontada la guarnición de Montevideo― estaban divididas en dos ejércitos: el grueso, al mando de Barbacena, en Santa Ana del Libramento, y las milicias gaúchas en Cerro Largo. Alvear ordenó a Lavalleja avanzar en busca de estas ultimas, que se desplazaron hacia la costa de la laguna Merín.
Entonces Alvear pensó en introducirse entre ambas fuerzas, impidiendo la reunión entre ellas. De modo que se lanzó a una marcha forzada en dirección a Bagé; este movimiento hizo que las tropas brasileñas acantonadas en Santa Ana del Libramento, temiendo ser rodeadas por las republicanas, se retiraran velozmente hacia el este. La marcha forzada era una maniobra relativamente fácil para la caballería, pero en cambio la infantería ―y muy especialmente la artillería― fueron sometidas a un desplazamiento extenuante.
Alvear elegió como teatro de operaciones el territorio enemigo a fin de disponer de sus recursos, evitando en el propio, las consecuencias colaterales derivadas del combate y del acuartelamiento de las tropas. Un movimiento digno de la mejor escuela militar napoleónica.
Al llegar a Bagé una fuerte lluvia complicó la situación del Ejército Republicano, y el general Alvear ordenó detener la marcha durante varios días las operaciones. En cambio, Goncalves continuó su retirada y logró incorporarse al ejército de Barbacena. Los imperiales lograron restablecerse puestos y sistemas de abastecimientos desde retaguardia, con lo cual Alvear debía enfrentar de inmediato al enemigo o retroceder.
El ejército brasileño continuó la retirada hacia el norte, buscando alcanzar las escabrosas serranías del centro de Río Grande del Sur, donde esperaba obtener ventajas contra un ejército formado mayoritariamente por caballería. Por su parte, Alvear cambió completamente el rumbo y marchó hacia el oeste, anunciando a sus subordinados que lo hacía para atraer a Barbacena hacia el llano.
Barbacena envió a la caballería de Goncalves a hostilizar al ejército rioplatense, hasta que una partida comandada por el coronel Juan Lavalle lo derrotó en la Batalla de Bacacay, el 13 de febrero. Tres días más tarde, el mismo Goncalves fue atacado por casi toda la infantería y el regimiento de
Juan Lavalle, bajo el mando del nuevo jefe del estado mayor republicano, general
Lucio Norberto Mansilla, y dispersado en la Batalla de Umbú.
Después de estos combates, Alvear se retiro aparentando temer un encuentro decisivo, marchando hacia el oeste iva dejando en el camino caballos estropeados, vehículos rotos, restos de equipos y algunas listas de revista, que reducían su ejército a menos de 4.000 hombres. Perseguido por Barbacena, que caía en la trampa, Alvear se detuvo dos días en el arroyo Cacequí, donde ordenó aligerar los bagajes, e incluso destruir armamento y parque de artillería en perfecto estado. Lo separaban del Ejercito Imperial tres o cuatro marchas, ó sea quince o veinte leguas.
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4.c) Batalla de Ituzaingó. 20 de febrero de 1827.
Fue la batalla más importante de la Guerra del Brasil. Alrededor de 15.000 hombres se enfrentaron en un campo de casi 25 hectáreas.
"Muerte del Coronel Brandsen durante la batalla de Ituzaingó". Pintura de Augusto Ballerini (1857-1897). Museo Histórico Nacional. Buenos Aires
"Batalla de Ituzaingó", Pintura de José Wasth Rodrigues. Museo Paulista, São Paulo, Brasil
La historiografía brasileña llama a este combate batalla de "
Passo do Rosário" ya que ocurrió en las cercanías del vado del Rosario, a pocos kilómetros al este de la ciudad de "Rosário do Sul" entonces en las Misiones Orientales.
El Ejército Republicano, en aparente retirada, llegó hasta el Paso del Rosario sobre el río Santa María, en las nacientes del río Ibicuy, que encontró crecido y dificil de vadear.
Alvear concibe una maniobra arriesgadaa. En ese sector, el terreno presentaba un desfiladero protegido por un abra que no permitía la visión del enemigo, por lo que Alvear ordena a su vanguardia, a cargo de Lavalleja, ubicarse en las alturas que dominaban el valle para observar los movimientos del enemigo y en caso de ser necesario rechazarlo, mientras que algunas compañías de coraceros (soldado de caballería pesada que usa una coraza como protección y combate principalmente con sable) cruzaban al otro lado del río en plena luz del día haciendo creer que toda la fuerza haría lo mismo durante la noche. Pero en la noche con una contramarcha recorriendo un camino ascendente posiciono y preparo a su ejército para la batalla.
Es por ello, que en la madrugada del 20 de febrero de 1827, siendo aproximadamente las 2, el Marqués Barbacena reinicia su marcha hacia el paso del río Santa María, esperando sorprender a las tropas de Alvear que estarian cruzando el rio, sin darles posibilidad de que puedan desplegarse por el desfiladero, y de esta manera derrotarlas, por lo que avanza de manera desordenada esperando solo encontrarse con fuerzas menores de la retaguardia.
La acción fue una total sorpresa para las tropas brasileñas, que hasta el día anterior perseguían al Ejercito Republicano. El río Santa María separaba el territorio montañoso (donde las caballadas aliadas poco valor táctico tenían) de los terrenos más llanos con buenos pastizales al sur del río, donde el Ejercito Republicano, compuesto principalmente de Caballería, encontraria campos con forraje adecuado.
Al amanecer, dentro del dispositivo previsto por Alvear, Lavalleja, quien debería ocupar el flanco derecho, se encuentra en el centro del mismo, lo que origina que los enfrentamientos entre ambas fuerzas ya desplegadas comenzaran con esa división, que con heroicos ataques de Caballería busca compensar la diferencia en hombres de infantería que tenia el Ejercito Imperial.
El Regimiento de Artillería Ligero, creado el 9 de mayo de 1826 por decreto del presidente Bernardino Rivadavia, al mando del coronel
Tomás de Iriarte, tuvo durante la Batalla su bautismo de fuego, encontrandose en el centro del dispositivo republicano batió a la infantería que debió retirarse.
A la formación inglesa de las tropas imperiales se oponía la marcada influencia francesa de Alvear, gran admirador de Napoleón, que contrastaba con el estilo de guerra gaucha entre jinete y jinete de Lavalleja. Lavalleja no obedece la orden de Alvear de posicionarse a la derecha del centro republicano y atacar el flanco izquierdo brasileño (excusándose en la oscuridad de la noche y el desconocimiento del terreno) y se ubica en el centro del campo de batalla. Lavalleja decia que:
"para ganar una batalla no se necesitaba sino pararse frente al enemigo ir derecho a él, atropellarlo con denuedo y vencer o morir”. La terquedad de Lavalleja comprometería seriamente el triunfo del ejército republicano.
Nota: Caballeria vs Infantería: La Infantería en cuadro es una de las formaciones más efectivas contra la caballería. Se trata de una disposición cerrada en la que los soldados forman un cuadrado compacto, con bayonetas listas en la primera fila y fusileros en las filas traseras. Esta táctica impide que la caballería rompa la línea, ya que los caballos evitan cargar contra una barrera de picas o bayonetas. Sin embargo, si la formación es atacada por artillería o flanqueada, su efectividad disminuye.
Los soldados del flanco izquierdo y derecho del ejercito imperial se desbandaron, dejando sólo a la columna central, entre los que se contaban 2.600 mercenarios experimentados de origen austríaco y prusiano, para resistir las sucesivas cargas dirigidas por el teniente coronel
Federico Brandsen, que caeria en batalla, el general Juan Lavalle y el general
José María Paz, que fueron decisivas.
Luego de intentar pasar la línea defensiva argentina durante 6 horas sin éxito, y siendo bombardeado por la artillería, el ejército imperial se retiró para no ser atacado por la infantería que todavía no había intervenido y para no ser rodeado.
Varios oficiales del Ejército Republicano cuestionaron la conducción de Alvear en la Batalla de Ituzaingó. Uno de los más críticos fue José María Paz, señalando que la victoria se logró más por la iniciativa de los jefes de cuerpo que por una estrategia clara del comandante en jefe.
En sus memorias, Coronel
José María Paz escribió que Ituzaingó
"puede llamarse la batalla de las desobediencias, pues allí todos mandamos, todos combatimos y todos vencimos". Además, el brigadier Miguel Estanislao Soler expresó su descontento con las decisiones de Alvear antes del combate. Según algunos relatos, en la víspera de la batalla, Soler le habría dicho:
"Carlos, ¿hasta cuándo te has de guiar por tu solo capricho? ¿No ves dónde has metido al ejército?". Esto refleja las tensiones dentro del mando republicano.
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<- Exposición que hace el General Alvear para contestar al mensaje del gobierno del 14 de septiembre de 1827 (ver pdf)
En este texto, Alvear expone su visión sobre la conducción de la guerra contra el Imperio del Brasil, defendiendo sus decisiones militares y políticas. También aborda las críticas recibidas y justifica sus estrategias en el conflicto.
Dice Saldias: Cierto es que algunos jefes de división dieron pruebas de pericia en el campo de batalla y que operaron hábilmente en esos momentos supremos en que la acción parcial suele decidir del éxito general... Pero esa circunstancia abona el tino del general en jefe para confiar sus fuerzas a los oficiales más capaces.
Dice Mitre: ..."Alvear poseía cualidades de mando, y sobre el arte de la guerra, ideas más completas que los demás generales de su tiempo, excepto San Martín"..
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En total, 7.700 efectivos republicanos (1.800 de infantería, 5.400 jinetes y 500 artilleros) detuvieron el ataque de la fuerza imperial, que segun sea la fuente consultada estaria compuesta por 10.000 hombres (fuente argentina) o por 6.300 hombres (fuente brasileña) (3710 jinetes, 1400 infantes y 12 cañones).
Las bajas tambien varian mucho segun la fuente: Bajas en el Ejercito Republicano: según Alvear: 500 muertos, según Brasil: 147 muertos. Bajas en el Ejercito Imperial: según Alvear: 1.200 muertos, según Brasil: 172 muertos, entre ellos el mariscal
Abreu.
Sin embargo, debido al mal estado de los caballos y a la falta de suministros, no se pudo perseguir por mucho tiempo a los derrotados. Se ha cuestionado a Alvear por esta decisión. La victoria republicana no fue definitiva para concluir la guerra.
El Ejército Republicano, bajo el mando supremo del brigadier general
Carlos María de Alvear, se hallaba integrado por los más destacados jefes argentinos y orientales de la época:
Entre los argentinos, además de Alvear, integraban la oficialidad:
- Coronel Félix de Olazábal,
- Brigadier Miguel Estanislao Soler (encargado de distribuir las divisiones en el campo de batalla, con independencia de las órdenes de Alvear),
- Coronel José María Paz,
- Coronel Federico Brandsen (militar frances condecorado por el mismísimo Napoleón y del cual fue su ayudante de campo),
- Coronel Juan Galo Lavalle,
- Coronel Tomás de Iriarte,
- Teniente Coronel Luis Beltrán jefe de artillería (colaborador de San Martín encargado del parque).
- General de división Lucio Norberto Mansilla
(su desempeño fue tan destacado que recibió el honor de portar un escudo y cordones de oro, además de ser nombrado Jefe de Estado Mayor),
Entre los orientales se encontraban:
- Brigadier general Juan Antonio Lavalleja
(Gdor.Provisorio y Capitán Gral.de la Prov. Oriental, al mando de las Milicias Orientales, que formaban la vanguardia del ejército),
- Teniente Manuel Correa,
- Coronel Buenaventura Alegra,
- Coronel Eugenio Garzón,
- Coronel Pablo Zufriategui,
- Coronel Manuel Oribe,
- Coronel José Valentín de Olavarría, y
- Coronel Anacleto Medina.
A las dos y media de la tarde del 4 de marzo llegó a Buenos Aires la noticia del triunfo. Hubo salvas de artillería, repiques de las campanas de las iglesias, bailes y durante tres noches seguidas la ciudad permaneció iluminada.
El gobierno de Bernardino Rivadavia dispuso tras la batalla, el 19 de marzo de 1827, la creación de una distinción honorífica: los “
cordones de Ituzaingó”, como símbolo de reconocimiento a los oficiales y soldados que participaron. Esta condecoración se trataba de un cordón tricolor (celeste, blanco y punzó) que se llevaba en el uniforme militar.
El caos en el diezmado ejército imperial facilitaría el triunfo de las tropas republicanas en la batalla de
Camacuá (23 de abril de 1827), tras la cual, el marqués de Barbacena comandante de las fuerzas imperiales fue destituido y la batalla de
Yerbal (25 de mayo de 1827), de un resultado incierto.
Aunque las tropas republicanas lograron imponerse, la falta de refuerzos y suministros llevó a su repliegue, hacia territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, consolidando su posición defensiva mientras se negociaba la paz. Este proceso culminó con la Convención Preliminar de Paz de 1828.
: A)de izq. a der: lancero, artillero, Caballería de Línea (Coracero), infante. Bocetos de Louis de Beaufort, B) Dragones orientales. Todo el ejército republicano fue uniformado de la misma manera, respetando el arma: caballería, infantería o artillería.
Ejército Imperial: A)Oficial y soldado de Cazadores de infantería, y Soldado de Caballería, B) Granaderos de infantería. C) Infante y Lancero mercenario alemán. Láminas de Ron Poulter
Acto junto al monolito recordatorio en el sitio de la Batalla.
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Conocido como "del Passo do Rosario" en Brasil (Estado de Río Grande do Sul).
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Mapa de la guerra con el Imperio del Brasil (Guerra de la Cisplatina).
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La Marcha de Ituzaingó del repertorio militar argentino:
Entre los pertrechos abandonados por el Ejército Imperial, en su retirada, se encontraba un cofre conteniendo una partitura entregada por el Emperador al Marqués de Barbacena para ser interpretada tras la victoria, en conmemoración del hecho. Una extendida tradición adjudica su autoría al emperador Pedro I de Brasil, afamado compositor aficionado.
El Ejército Republicano se apoderó de ella, y bautizada como "marcha de Ituzaingó"" se interpreta cuando la bandera de Argentina se traslada en actos oficiales, y es uno de los tres atributos que ostenta el presidente de la República Argentina, bastón de mando, banda presidencial y marcha de Ituzaingó.
Este es el origen de la Marcha de Ituzaingó (escuchar) que pasó a integrar el repertorio militar argentino y que era ejecutada en las ceremonias que contaban con la presencia del Presidente de la Nación.
Fuentes:
1) Batalla de Ituzaingó . www.lagazeta.com.ar
2) Guerra con Brasil . www.es.wikipedia.org
3) Ituzaingó: la batalla de las desobediencias . www.historiahoy.com.ar
4) Ituzaingó: Bautismo de fuego de la Artilleria Argentina. www.laprensa.com.ar
5) Batalla de Ituzaingó. 20 de febrero de 1827 . www.juegosdehistoria.blogspot.com
6) Historia de la Confederación Argentina-Tomo I.pdf de Adolfo Saldías.
7) La guerra contra el Imperio del Brasil de Juan Beverina 1925. www.archive.org
8) Exposición que hace el General Alvear para contestar al mensaje del gobierno del 14 de septiembre de 1827. www.archive.org
9) Ituzaingó: cargas suicidas, una marcha militar arrebatada y 3 días de fiesta tras vencer a Brasil. www.infobae.com - por Adrián Pignatelli
10) La Guerra contra el Imperio del Brasil (1825-1828) . www.argentina.gob.ar